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27/6/2020

Black Lives Matter: del coronavirus a la revuelta social en Nueva York

(Parte I)

 

El movimiento Black Lives Matter –las vidas negras importan– concentró la indignación de miles de personas en Nueva York a finales de junio, cuando la ciudad todavía seguía siendo la metrópoli más afectada por la Covid-19 en todo el planeta. Acá presentamos una narración del sociólogo Sergio Palencia que describe cómo despierta una generación ante la ruptura  del tejido social de EEUU durante 2020 en medio de una pandemia.

Texto: Sergio Palencia
Foto: Sergio Palencia

Cuando los manifestantes tomaron el puente de Brooklyn, las calles de Manhattan o los carriles exprés del Bronx, los políticos y corredores de bolsa de la Gran Manzana temieron algo peor que la Covid-19: el virus de anarquía en los barrios. Inmediatamente movilizaron cientos de radiopatrullas, policías encubiertos en carros particulares, fuerzas especiales antimotines y helicópteros para impedir que los de abajo, que viven al norte de Manhattan o de Brooklyn, se hicieran presentes. Trump amenazó con el Ejército. 

El movimiento Black Lives Matter –las vidas negras importan– concentró la indignación por la violencia policial, desempleo, imposibilidad de pagos básicos y la masiva muerte de pobres, latinos y negros urbanos. Para finales de junio, Nueva York seguía siendo la metrópoli más afectada por el Covid-19 en el mundo, con 395,168 contagiados y 31,029 muertos [1]. El siguiente escrito es una suerte de continuación, sorprendida, de la crónica que escribí sobre el inicio de la pandemia en esta ciudad [2]. 

Me baso en experiencias que tuve durante los meses de mayo y junio como en diversas fuentes, redes y periódicos. Mi intención no es una conceptualización general sobre el movimiento, o movimientos, tras el asesinato de George Floyd. Propongo hilar varios eventos y sucesos a través del tejido abierto de la crisis social en Nueva York. Si se quiere tener una mirada sobre lo que sucede en Estados Unidos, en la actualidad, el reto, pienso, es conectar lo que sucede en el centro del país con sus metrópolis costeras.

1. El milagro no esperado, 1 al 15 de mayo. 

Las protestas echaron por la borda la ilusión de control que aducían el alcalde De Blasio y el gobernador Cuomo. Mientras el primero quería limpiar su imagen tras retardar medidas frente al coronavirus, el gobernador por su parte sentía la luz del estrellato y de la presidencia del país. A pesar del continuo tono socarrón de Cuomo contra De Blasio, a su manera ambos planificaban las “fases de apertura” de la ciudad. Desde inicios de mayo, los propietarios y trabajadores habían abierto sus pequeños restaurantes y bares. Tacos Pepe, atendido por poblanos, estrenaba camión en la 36 avenida de Queens. Grupos de hombres y mujeres salían a tomar cerveza y tragos en las afueras de los bares. A pesar de contravenir la orden estatal, la policía nunca se presentó para amonestarlos. Parecían tener carta blanca para abrir sus negocios. 

Con la primera ola de calor los bares de Astoria sacaron inflables veraniegos. Frente a las lujosas torres de apartamentos en Long Island City, residentes rubios salían a tomar el sol. Esto sucedía mientras, en Michigan, en el centro-norte de EE.UU., hombres blancos, con barba y rapados, ingresaban con metralletas de asalto al capitolio [3]. La policía no se los impedía. Exigían la inmediata apertura de toda actividad económica mientras repetían la versión sensacionalista del coronavirus como una amenaza planificada por la China comunista [4]. Trump, en un tweet del 1 de mayo, alentó a estos grupos armados. “La gobernadora de Michigan debería ceder un poco y calmar el fuego. Estas son muy buenas personas, pero están enojadas. ¡Quieren de vuelta sus vidas, de manera segura! Véalos, hábleles, lleguen a un acuerdo”. [5]  

Video: Sergio Palencia

En Nueva York, los aplausos de las siete de la noche, en honor a los trabajadores esenciales [essential workers], paulatinamente disminuían. La orden de cuarentena llamada New York State en Pause, del gobernador Cuomo, había durado entre el 20 de marzo y el 14 de mayo, menos de dos meses. El gobernador declaraba tener bajo control la crisis de la Covid-19 y pronto se reiniciaría la economía del estado neoyorquino. La fase uno permitiría retomar la construcción inmobiliaria y agrícola. De Blasio no estaba de acuerdo con Cuomo, ambos del Partido Demócrata. Si en 2018 se hermanaron cuando Amazon anunció la construcción de sus centrales en Queens, el virus y el protagonismo los había separado. Para De Blasio la ciudad “claramente no estaba lista” para el plan del gobernador. “A menos”, recalcó, “que pase algo milagroso”. [6]

2. Los barrios y las bicicletas amarillas. Febrero 2020. 

Nueva York es una ciudad minuciosamente cuadriculada, de avenidas anchas de tres a cinco carriles, llevando el tráfico desde el distrito financiero del sur hasta los barrios populares negros-latinos [Black neighborhoods] del norte. El diseñador de la actual Nueva York, Robert Moses, imaginó la ciudad como la capital del mundo, batallando por construir la central de las Naciones Unidas a la par del East River, organizando la Feria Mundial en la década de 1960, levantando enormes puentes de hierro en toda el área metropolitana. Pero tras la creación de playas públicas y parques para la clase propietaria neoyorquina, generalmente de tez blanca, también destruyó barrios enteros, menos privilegiados, para construir las carreteras express de los nuevos carro-habientes. Marshall Berman, neoyorquino del Bronx y crítico marxista de literatura, fue uno de estos desplazados cuando era joven. 

En su ya clásico libro All that is Solid Melts into Air (1981), parodió al comisionado Moses como el mejor aprendiz del barón Haussman, el mismo que había demolido barrios obreros en París para detener los levantamientos populares de 1850. Detrás del afán de construcción masiva en Moses existía asimismo un proyecto contra los barrios de Manhattan, vistos como impedimentos para una mayor inversión inmobiliaria del gran capital. Berman remarca, no sin dolor, cómo los allegados al comisionado lo recordaban como alguien que amaba la sociedad pero no a la gente [7]. Empero, como en toda gran ciudad, esas mismas avenidas son a veces tomadas por los hijos de los barrios. En varias ocasiones he visto grupos de jóvenes negros y caribeños pasar rápidamente en bicicletas de llantas gruesas, amarillas, haciendo piruetas, levantando la llanta delantera, pasándose los rojos del semáforo. 

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¿Se tomará la autopista? Jackson Heights, Queens. Foto: Sergio Palencia.

A pesar del continuo sonido de las sirenas policiacas, estos chicos se mueven desafiantes por su ciudad. No la urbe del parquímetro o de las cámaras de control, tampoco del Rockefeller Center o del edificio Chrysler, sino una ciudad en movimiento, dura, ensimismada y, también, presta al arrebato colérico. Otros chicos entran a los vagones del tren y, dejando el equipo de sonido en el piso, se suben en los tubos, extienden los brazos y las piernas, dan volteretas. Bailan y no golpean a nadie. Cuando están solos o suben al metro, estos chicos de Corona, Washington Heights o el Bronx son constantemente bombardeados por fotografías de comida, anuncios del Carnegie Hall o advertencias contra la evasión del pago del subterráneo. El sur y el centro de la ciudad son, en su mayoría, los espacios de paso o de trabajo de los barrios de la ciudad. Colmados de vitrinas, de restaurantes italianos o tailandeses, de bares irlandeses, el sur y el centro de Manhattan son sectores prohibitivos para estos chicos. 

Al subir al metro se sientan, escuchan música, leen anuncios para estudiar y trabajar en community colleges, universidades técnicas para quienes no tienen tantos recursos. Todos los días muchos de estos chicos y chicas pasan del mundo de vitrina, ropa y bares al mundo del norte en la misma ciudad, con los mayores índices de pobreza y, hacía apenas unas semanas, representando casi el cincuenta por ciento de todos los infectados por el coronavirus. Una estudiante, enfermera, alguna vez me dijo que el metro neoyorquino es una experiencia apabullante de clase social, con paradas para profesionales blancos en la 86 calle y estaciones obreras en el Bronx.  Allí, al norte de la ciudad, viven a quienes Cuomo denomina los esenciales: repartidores, albañiles, cajeras, trabajadores de limpieza y de seguridad de las grandes compañías. 

3. El Memorial Day negro. 25 de mayo 2020. 

El lunes 25 de mayo en Central Park, a las 8:10 de la mañana, llegó un observador de aves llamado Christian Cooper. Al ingresar al área destinada para tal actividad, se encontró con un perro que corría suelto por el área. La dueña, también de apellido Cooper, se molestó cuando este hombre le pidió atarle la correa a su perro pues ahuyentaba a los pájaros. Ambos profesionales, trabajando en finanzas o comunicaciones, se habían graduado en las prestigiosas universidades de Harvard y Chicago, respectivamente.  La mujer blanca llamó a la policía y el hombre comenzó a filmarla con su teléfono: “Estoy en el [parque] Ramble, aquí hay un hombre, afroamericano, tiene un casco de bicicleta, me graba y me está amenazando tanto a mí como a mi perro”. [8] La mujer cambió su voz, mostró desesperación y exigió la presencia de policías. 

Este hecho aislado pronto ganó atención mediática por las redes sociales. El New York Times cubrió la historia y diversos medios entrevistaron al avistador de aves, Cooper, y a la mujer que paseaba a su perro, también de apellido Cooper. Grabado en cámara de teléfono, el video evidenciaba cómo una mujer blanca, profesional, con empleo en una compañía de seguros, amenazaba a otro hombre, también profesional, con empleo, destacando que era afroamericano. Este hecho tenía precedentes fuertes. El 23 de febrero, en el estado sureño de Georgia, un padre y su hijo –ambos blancos– mataron con revolver magnum .357 a Ahmaud Arbery [9], un joven negro haciendo ejercicio en su barrio. El 13 de marzo la policía de Kentucky disparó a quemarropa a Breonna Taylor, estudiante negra, mientras dormía en su habitación con su pareja [10].

Video: Sergio Palencia

Sin ningún protocolo, la policía simplemente irrumpió en busca de narcotraficantes. La joven Taylor se preparaba para ser enfermera. ¿Tenían algo en común la denuncia en Central Park, la persecución en el suburbio de Georgia o la ráfaga en Louisville? Uno, la imposibilidad para la gente de tez oscura de hacer actividades sencillas como observar pájaros en un parque, salir a trotar por el barrio de la madre o simplemente dormir con la pareja. El crimen es asociado a barrios, sí, como también al color de la piel. Dos, el derecho tomado por sentido común de llamar a la policía con el atenuante de las reacciones groseras, violentas, desproporcionadas, en una sociedad que promueve el uso segregado de armas por color de piel. Tres, una relación histórica intrínseca entre y color de piel [11], propiedad, explotación del trabajo [12].

Mientras el video de Cooper se hacía viral en Nueva York, ese mismo lunes 25 de mayo, un hombre fue a comprar cigarrillos a una tienda de suburbio en Minneapolis, ciudad también en el centro-norte de EE.UU. Su nombre ahora sabemos era George Floyd. Los empleados, afroamericanos como él, desconfiaron del billete de veinte dólares que les había dado y llamaron a la policía [13]. El despachador de 17 años, al ver cómo la policía asfixiaba a Floyd, llamó desesperado a Mahmoud Abumayyaleh, dueño de la tienda. El propietario recordó al joven: “asegúrate de grabar todo y llama a la policía para que detenga a la policía”. Esa simple transacción de un paquete de cigarrillos por veinte dólares, entre dos hombres de barrio, trabajadores, y oficiales prestos para la violencia, contenía tanto la carga histórica entre blancos y negros en EE.UU., como la actual crisis del capital durante la pandemia. 

4. Los pequeños grupos antigentrificación.

Las protestas iniciaron en Nueva York entre el jueves 28 y el viernes 29 de mayo. Las convocatorias fueron promovidas en su mayoría por pequeñas organizaciones que trabajan a nivel barrial, algunas contra el desalojo de familias pobres por los dueños de apartamentos o proyectos inmobiliarios. Entre ellas Brooklyn Anti-Gentrification Network, Mi Casa no es su Casa, People's Power Assemblies NYC. Es decir, pequeñas redes de personas que buscan evitar que continúe la transformación de barrios populares en exclusivas zonas residenciales. Esto no sólo significa el desplazamiento de familias de escasos recursos por profesionales o de mejores salarios sino, a su vez, un cambio en el color de piel de los nuevos inquilinos, con blancos rubios o asiáticos estadounidenses generalmente ocupando el espacio residencial.

Estas redes trabajando en los barrios, con la gente, poseen la virtud de la constancia y la experiencia de la convocatoria rápida. Mientras, en las redes y en la televisión circulaban imágenes y videos de las manifestaciones en Minneapolis, ya se comparaban las protestas en esta ciudad de Minnesota con el estallido social en el barrio negro de Ferguson, en la ciudad de Saint-Louis, en 2014. Todavía no existía claridad si las protestas tras el asesinato de George Floyd por la policía tendrían la misma intensidad. Algunas de las primeras movilizaciones se dieron al norte de Brooklyn, el viernes. Allí, policías fornidos se abalanzaban contra grupos separados de manifestantes, los agarraban y tiraban al suelo. Al mismo tiempo, dos o tres policías más impedían que otros manifestantes rescataran al capturado. 

Una vez tirados boca abajo, las policías mujeres se subían en las espaldas de los manifestantes y les ponían grilletes blancos, no metálicos. Los policías tenían una división interna del trabajo en la captura. Ese día, viernes 29 de mayo, aún no comenzaba la destrucción de vitrinas y saqueos en la ciudad. Esa noche se anunciaban manifestaciones para el fin de semana. En Manhattan, la gente se concentraba principalmente en Union Square, lugar común y tradicional para protestar sin salir a tomar la calle. Desde inicios del siglo XX esta plaza había congregado a los movimientos obreros, algunos con escuelas anarquistas en los alrededores. El mismo Murray Bookchin había iniciado su militancia anarquista, de los comunes, alrededor de Union Square. 

Allí, en otras ocasiones, puertorriqueños exigen la independencia frente a EE.UU. o guatemaltecos protestaban contra el presidente Jimmy Morales en las jornadas de 2017 y 2018 tras la solicitud de terminar con la Comisión Internacional Contra la Impunidad en Guatemala (CICIG). Las organizaciones anunciaron protestas en la plaza comercial y deportiva de Brooklyn, llamada Barclay's Center, como también en calles transitadas de los condados de Queens y Bronx. Sería el inicio de dos semanas de intensas movilizaciones en toda la ciudad de Nueva York, situación que puso en guardia al alcalde De Blasio como para decretar el primer toque de queda [curfew] desde 1945 [14]. 

5. Manifestación en Queens. 30 de mayo. 

Junto a Corona, Jackson Heights fue uno de los barrios más afectados por el Covid-19 en el condado neoyorquino de Queens. Tal vez es uno de los barrios más hermosos de Nueva York, no sólo por las arboledas entre los edificios de ladrillos, sino por la diversidad de gente, de todo el mundo, habitando en un área pequeña. A la par de la estación de metro, en Roosevelt Avenue, en menos de dos cuadras uno encuentra trabajadores y puestos de comida mexicana, tibetana, colombiana, bengalí, entre tantas otras. Los organizadores de la protesta por George Floyd convocaron en una pequeña plaza llamada Diversity. Allí, el 14 de febrero 2019, se había celebrado la negativa de Amazon a instalar sus centrales en Queens, un movimiento barrial de resistencia que había asustado al magnate Jeff Bezos. Esta vez se tenía previsto reunirse allí y guardar dos metros de distancia por la pandemia. No sucedería así.

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“Guerra civil”. Jackson Heights, Queens. Foto: Sergio Palencia.

Llegamos en bicicleta al barrio. Tres cuadras antes vimos un grupo de personas sobre la acera portando carteles. Nos destanteó un poco ver que en realidad venían rumbo a nosotros: la manifestación no sería en la plaza. En lo personal, por mi última experiencia con la celebración contra Amazon, pensé que seríamos un grupo de treinta o cuarenta personas. Empero la protesta se aproximaba sobre la acera, cantando, mientras alrededor de siete u ocho policías los custodiaban al lado, queriendo evitar que la gente ocupara parte de la calle. En inicio se hizo caso pero luego la misma aglomeración hacía que algunos comenzaran a caminar por el lado de la calle. A nosotros nos tomó desprevenidos y no sabíamos si acompañarlos de una vez o dejar las bicicletas amarradas. Ya para ese momento vimos que la protesta era enorme y comenzaba a tomar la calle por inercia. 

Nerviosos, los policías se dieron por vencidos en su deseo de mantenerlos dentro de la acera. Tal vez éramos alrededor de 400 personas. Caminamos sin saber el rumbo y nos encontramos en el desvío hacia  la carretera del aeropuerto Laguardia. Otro grupo de policías impedía el paso hacia la carretera por lo que la gente sólo dio la vuelta y volvió al barrio. Ese mismo día, en el Bronx, los manifestantes habían tomado la vía express. El ambiente era de pasión y rabia, algo que no había vivido tan fuerte en este país. 

Unas palabras sobre los manifestantes. La mayoría eran jóvenes, muchos blancos, bengalíes y algunos pocos afroamericanos y asiáticos. Las chicas se encargaban de mantener compacta la manifestación, gritando y cerrando filas para que el tráfico o la policía no nos dividiera. 

El objetivo no era llegar a un edificio público o una plaza en sí, sino caminar por las calles del barrio de manera espontánea, en lugares que no suelen ser centros conocidos de protesta. Admirada y extrañada a la vez, la gente sacaba sus cabezas por las ventanas de sus apartamentos, tocaban pequeñas campanas desde lo alto o agitaban el brazo en señal de apoyo. Una mujer de la India, con sus niñas, salió desde el balcón a saludar a los manifestantes. Tres jóvenes puertorriqueñas sacaban sus banderas mientras, a la par, un amigo neoyorquino con raíces en la isla gritaba: “¡vivan los boricuas, carajo!”. Otra señora, también latina, agitaba su bastón de metal y pegaba pequeños brincos. La manifestación parecía un canto al barrio más que a los lugares tradicionales, céntricos, en palacios o plazas. No todos estaban de acuerdo o participaban. Tres dominicanos comentaban entre sí: “te apuesto que ni saben por qué están allí”.

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“Esto es AmériKKKa”. Jackson Heights, Queens. Foto: Sergio Palencia.

Un signo claro de la frescura de un movimiento es su capacidad lírica, sea porque en sus carteles expresan verdad o se identifican con ella. Adornado con manos empuñadas, rojas, delineadas con negro, un cartel tenía escrito “Justicia para todos aquellos nombres que no caben en un poster” [15], “El sistema de justicia es criminal” [16], “Guerra civil”, “El silencio es violencia”, “Quítenles los fondos a la policía” [17]. Una chica escribió en su camiseta blanca: “Esto es AmériKKKa”, en alusión al Ku Kux Klan, con los nombres de diecisiete afroamericanos asesinado por la policía [18]. Una rubia, con pañuelo amarillo en la cabeza, había incluso escrito estadísticas en un cartón: “Los cuerpos negros desarmados tienen el doble de posibilidad de ser asesinados que los cuerpos blancos desarmados” [19]. 

La manifestación duró entre las tres de la tarde y las siete de la noche. Coincidió con la plena llegada de temperaturas de veinticinco grados celsius para arriba. Nunca Cuomo o De Blasio imaginaron que la verdadera apertura de la ciudad –y de este país– no vendría de sus fases, de quienes tomaban sol o de los comerciantes abriendo sus negocios, sino de la avalancha de gente que colmó las protestas, los subterráneos, los puentes de Manhattan y Brooklyn, la quinta avenida y los más diversos suburbios. La muerte de George Floyd no sólo lanzó al movimiento Black Lives Matter al grado de consciencia ética global, anti-policiaca, sino al despertar generacional estadounidense más grande desde 1960-1968. Ahora bien, ¿qué llevó a De Blasio a decretar un toque de queda jamás contemplado incluso para la pandemia del Covid-19?

Sergio Palencia Frener

Queens, Nueva York, 25 de junio 2020

[1] The New York Times, “Coronavirus in the U.S.: Latest Map and Case Count,” The New York Times, sec. U.S., accessed June 25, 2020.
[2] Palencia, Sergio, “Nueva York: El virus es una lluvia sobre la ciudad,” No-ficción, accessed June 25, 2020
[3] Burnet, Sara. “Michigan militia’s armed protests grab coronavirus spotlight,” Chicago Tribune, 2 de mayo 2020
[4] Smith, Marion. “Blame the Chines Communist Party for the Coronavirus”, USA Today, 4 de abril 2020
[5] “The Governor of Michigan should give a little, and put out the fire. These are very good people, but they are angry. They want their lives back again, safely! See them, talk to them, make a deal.” Chicago Tribune, 2 de mayo 2020.
[6] “Unless something miraculous happens”. Higgins-Dunn, Noah y Kim, Jasmine, “New York Gov. Cuomo expands phased reopening to five regions in state, but not NYC,”  CNBC, 14 de mayo 2020.
[7] Berman, Marshall. All That Is Solid Melts into Air: The Experience of Modernity. New York: Simon and Schuster, 1981.
[8] “I’m in the Ramble, there is a man, African-American, he has a bicycle helmet and he is recording me and threatening me and my dog.” Maslin, Sarah, “White Woman Is Fired After Calling Police on Black Man in Central Park”, The New York Times, 26 de mayo 2020. Disponible aquí.
[9] Fausset, Richard, “What We Know About the Shooting Death of Ahmaud Arbery”, The New York Times, 4 de junio 2020. 
[10] Carrega, Christina. “FBI opens an investigation into the death of Breonna Taylor”, ABC News, 22 de mayo 2020. 
[11] Véase la polémica en Oakland, California, en 1966, por el uso de las armas por negros en el documental: Nelson, Stanley. Black Panthers: Vanguard of the Revolution, 2015. Disponible aquí
[12] Sobre el fin de la esclavitud, el origen de las leyes segregacionistas y los linchamientos, véanse los estudios clásicos de Drake y de Du Bois: St Clair Drake, Black Metropolis;: A Study of Negro Life in a Northern City, [Rev. and enl. ed.].., Harper Torchbooks. Academy Library (New York,, New York: Harper & Row, 1962). W. E. B. Du Bois, Black Reconstruction in America: An Essay toward a History of the Part Which Black Folk Played in the Attempt to Reconstruct Democracy in America, 1860-1880, Du Bois, W. E. B. (William Edward Burghardt), 1868-1963. Selections. 2007 Y (New York: Oxford University Press, 2007).
[13] “Make sure you record it and call the police on the police”. Chapin, Angela, “If I Would Have Been Here, George Floyd May Still Be Alive’”, The Cut, 2 de junio 2020. Disponible aquí
[14] Dana Rubinstein and Jeffery C. Mays, “Here’s What Led to N.Y.C.’s First Curfew in 75 YearsThe New York Times, June 2, 2020, sec. New York.
[15] Justice for all the names that don't fit on one poster. #Black Lives Matter”. Jackson Heights, Queens, 30 de mayo 2020.
[16] “The Justice System is Criminal”. Jackson Heights, Queens, 30 de mayo 2020.
[17] “De-Fund Police Black Lives Matter.” Jackson Heights, Queens, 30 de mayo 2020.
[18] “This is AmeriKKKa: Jason Harrison, Laquan McDonald, Michael Brown, Samuel DuBose, Freddie C. Gray, George Floyd. Breonna Taylor [...]”. Jackson Heights, Queens, 30 de mayo 2020.
[19]“Unarmed Black bodies are twice as likely to be killed as unarmed White bodies.” Jackson Heights, Queens, 30 de mayo 2020.

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