El Estor, una cotidianidad militarizada | Fotogalería

Registramos los días del Estado de Sitio en el Estor, Izabal. Una cotidianidad afectada por la mina más grande de níquel en Guatemala, el constante reclamo de Derechos de los comunitarios, y la respuesta gubernamental con la militarización de la región y la protección de intereses económicos.

 

Registramos los días del Estado de Sitio en el Estor, Izabal. Una cotidianidad afectada por la mina más grande de níquel en Guatemala, el constante reclamo de Derechos de los comunitarios, y la respuesta gubernamental con la militarización de la región y la protección de intereses económicos. 

Por: Oliver de Ros
16/11/2021

La imagen de dos mujeres en el lago de Izabal, con el agua hasta las caderas, pescando con loable destreza, casi al atardecer, con sus hilos y anzuelos, mientras utilizan un pequeño trozo de tortilla como carnada, contrasta con la escena de fondo en la que aparece un barco del Ejército que patrulla por las costas del municipio de El Estor. Un par de niñas juegan a esconderse tras la estatua de un manatí mientras varios soldados del Ejército hacen su ronda de vigilancia luciendo sus porras y sus fusiles. Además, en cada pequeña escena cotidiana, aparece la tierra de color rojizo de los cerros resquebrajados, un paisaje carcomido por la mina CGN empecinada en extraer todo el níquel que le permita el Estado de Guatemala, a cambio de un 1% de regalías. Todo esto se mezcla con el verde y el azul del lago de Izabal que aparece al fondo de la panorámica. Parece un lugar tranquilo, pero es aquí, donde hace apenas unas semanas, se decretó un Estado de Sitio, que provocó el miedo en la comunidad y diversas protestas a favor y en contra de la actividad minera desde la ciudad capital, además generó varias imágenes virales en las redes sociales donde los elementos de la Policía Nacional Civil aparecían escoltando camiones de la mina con carbón en El Estor. Son imágenes que muestran la delicada situación que se vive en esta región. 


Una resistencia anti-minera de pescadores y líderes mayas  q’eqchi tomaron la carretera de El Estor, Izabal, por 18 días, y estuvieron muy cerca de provocar el colapso del horno principal de fundición de la Procesadora de Níquel de Izabal (Pronico). La intervención de la Policía Nacional Civil (PNC) despejó por la fuerza la carretera y escoltó los camiones de carbón hasta la planta y, gracias al Gobierno, el corazón de la mina rusa valorado en US$60 millones fue salvado. Con el Estado de Sitio decretado en el municipio por 30 días inició la persecución de todos aquellos que exigían participar en la consulta comunitaria para decidir sobre su territorio e implícitamente el futuro del proyecto minero Fénix. Esta mina de níquel es la de mayor extensión de Guatemala y la más antigua, con cerca de 60 años de historia. En 2011, la empresa Solway Investment Group, a través de la subsidiaria Compañía Guatemalteca de Níquel, compró la mina a la empresa canadiense Hudbay Minerals para competir con los mayores productores de níquel del planeta. Desde entonces el proyecto ha sido polémico en el país y a poco más de una semana de terminar el Estado de Sitio decretado en el lugar, la situación ha dejado diferentes escenas emotivas, contradictorias y reflexivas sobre cómo el Estado piensa la extracción minera, sus prioridades, y su lógica de represión en El Estor que contamos en las imágenes de esta fotogalería.

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