¿En qué creen los partidos políticos?

 

¿En qué creen los partidos políticos?

08/04/2019

¿En qué creen los partidos políticos?

La mayoría de partidos políticos de Guatemala oculta su ideología. La ambigüedad y la falta de claridad en sus propuestas, garantiza un electorado poco informado y manipulable. Votar por un partido político en Guatemala no significa elegir un conjunto de ideas definidas. Se trata de decidir en un sistema de partidos políticos que no busca representar a nadie, más allá de los propios intereses.

Texto:                            Oswaldo J. Hernández
Foto:                               Sandra Sebastián
Texto:   Oswaldo J. Hernández
Foto:  Sandra Sebastián
Texto:  Oswaldo J. Hernández
Foto:  Sandra Sebastián

“Para ser operativa, cualquier ideología debe ser incoherente”. 

Slajov Sisek, El Sublime Objeto de la ideología.

 

La ideología te puede dejar afuera. Te puede aislar. En el sistema de partidos políticos de Guatemala, tener una postura clara ante varios aspectos nacionales puede condenar a un político al ostracismo y llevarlo al final de su carrera pública, sin posibilidad de continuidad.

Por eso, la mayoría de partidos políticos se mantienen en ambigüedad. Y la indefinición resulta la característica más relevante en el mundo de las ideas de la política guatemalteca y su democracia.

“La claridad ideológica no sirve para gobernar un partido político. Ni los afiliados conocen los estatutos de un partido político; y tampoco a los partidos les importa darlos a conocer. La ideología de las organizaciones es casi secreto. Porque sus principios fundamentales –en los que dicen creer– no sirven como estrategia cuando buscan los votos”, explica el politólogo Luis Fernando Mack.

La paradoja se constituye en que para cada proceso electoral, los partidos políticos están obligados a presentar una declaración de principios. Quiénes son. Qué quieren. Cómo piensan. El sistema de sus ideas –su agenda y sus intereses– es uno de los requisitos básicos para existir como partido. Sin embargo, estos fundamentos, no suelen estar disponibles al público. Permanecen ocultos en cada mitin y en cada acto de proselitismo.

Tampoco el Tribunal Supremo Electoral (TSE) tiene interés en socializar el pensamiento que reportan los partidos políticos. Y para poder saber en qué cree cada una de las organizaciones que participan de un evento electoral, hay que realizar el trámite de una solicitud de acceso a la información pública.

“Los partidos ocultan lo que creen”, dice Luis Mack. “Si exponen sus ideas hay desgaste. Y dar a conocer sus estatutos les implica estar atados a largo plazo con ciertas ideas. Los obliga a ser congruentes. Y eso es como una camisa de fuerza”.

En los estatutos de los 24 partidos (inscritos hasta enero 2019) que han presentado binomios presidenciales para las elecciones 2019, obtenidos por No-Ficción, hay, sobre todo, generalidades, perogrulladas: Ideas sobre Dios y la familia, la defensa de la vida, e incluso la noción simbólica de los valores tradicionales del respeto, la individualidad, la defensa de la justicia, el nacionalismo, la soberanía... La mayor parte de los partidos coinciden en estos puntos, pero también en lo abstracto con que lo plantean.

Los partidos de izquierda suelen plantear más claridad en su agenda. En sus estatutos hablan de reforma agraria, reconocimiento del Estado plurinacional, el derecho al aborto en términos de salud reproductiva, el reconocimiento a la diversidad de sexual, la equidad de género.

Pero en la práctica, señala Mack, todos los partidos en general no se comprometen y utilizan una estrategia difusa. “Los partidos de izquierda no dirán en campaña que están a favor del aborto como parte de la salud reproductiva. Por un efecto social, el sistema de partidos políticos está configurado por el dinero y no las ideas. Y los que tienen dinero no son de izquierda, y marcan el tipo de propuestas políticas de campaña. Así todos los partidos se obligan a indefinir su ideología sin importar los estatutos”, dice el analista.

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La congruencia se castiga

La diputada Sandra Morán fue electa en 2015 y hoy ha quedado fuera de la contienda electoral cuando su partido le notificó que no la postularía. Ella llegó a la política representando a Convergencia, un partido de izquierda, cuyo origen radica en la organización de la cual tomó su ficha: Alianza Nueva Nación (ANN), que fue formado a finales de los noventa por ex comandantes de las Fuerzas Armadas Rebeldes (FAR).

“Lamentablemente el partido dijo que nadie debía seguir”, dice Morán. “Y es una contradicción a todo el trabajo que hemos hecho. En la lógica política vas sumando de acuerdo a tu agenda. Pero los partidos antiderechos han impuesto un tope, y es un tope aceptado por la izquierda, que siempre teme no alcanzar los votos. Así los partidos establecen lo que está permitido decir y lo que no. En mi caso trabajé por una agenda que no estaba permitida y ahora me castigan”, añade la diputada. 

Como parte del Congreso, Morán ha sido una de las pocas legisladoras que ha tomado postura sobre temas que incomodan los valores tradicionales de Guatemala. Planteó una iniciativa de ley que elimina la responsabilidad penal a los prestadores de salud que ayuden a interrumpir un embarazo a menores de 14 años, presentó además iniciativas para la protección y la validación de los derechos de la comunidad LGBTI.

La contradicción, como explica Morán, es quedar aislado. “Mientras más congruencia hay con los estatutos y principios ideológicos de un partido político más te aíslan. Hay diputados que hasta risa provocan porque no saben en qué línea de pensamiento está su partido. Y la ideología política es un wishi y washe indefinido, y en lo que sí y o que no, la congruencia es castigada”.

Convergencia, que en 2015 logró tres diputaciones, se ha limitado a decir que apuesta por la juventud de sus nuevos candidatos. Y en su planilla, incluso hay estudiantes de diversificado sin experiencia laboral.

Pero en los partidos de derecha también la congruencia se castiga. Tomar postura es un indicador de desgaste. Es meter en problemas al partido. En el caso del diputado Fernando Linares Beltranena la exclusión sucedió el día de la asamblea del Partido de Avanzada Nacional (PAN). No sería postulado como candidato a diputado, luego de cuatro años de trabajo muy acorde a los estatutos del partido.

Sandra Morán
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La diputada Sandra Morán y el diputado Fernando Linares fueron aislados por sus partidos por presentar congruencias ideológica.

Linares dice: “Es menos importante la ideología. Y es lamentable la codicia de los partidos políticos. El PAN se convirtió en un proyecto familiar. Y eso es regirse por los valores de un clan. Es nepotismo. Es retroceder como partido, porque es primitivo, tribal, como funcionaban los mayas. Y simplemente me aislaron por no ser parte de la familia”.

Uno de los fundamentos más relevantes del PAN en sus estatutos es la familia, “la defensa de la familia”. El PAN fue creado por Álvaro Arzú a finales de los años ochenta. Obtuvo la presidencia en 1996. Y como partido, manejó la municipalidad de Guatemala en más de tres ocasiones. El partido cambió de dueño a inicios del siglo XXI, y en 2007 fue adquirido por Juan Gutiérrez. En 2019, el PAN está de vuelta en alianza con Podemos -antiguo partido Movimiento Reformador- en medio de disputas familiares entre los hijos del fallecido alcalde Álvaro Arzú.

Para Linares, todo su trabajo en el Congreso durante los últimos cuatro años, ha sido relegado, “no por ideología”, dice, “sino por el nepotismo de una familia”. Aunque “familia” sea contradictoriamente uno de los principios del partido. 

En el Congreso, representando al PAN, y desde una postura conservadora, Linares Beltranena marcó una agenda acorde a los estatutos del partido. Fue firmante de la iniciativa de ley que discute la amnistía para crímenes de lesa humanidad, promovió la reactivación de la pena de muerte en Guatemala, y se estableció como tajante opositor a las iniciativas que presentó la diputada Sandra Morán, como su antagonista.

Definidos ideológicamente, estos dos diputados han quedado fuera de las elecciones de 2019.

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«En los estatutos de los partidos hay generalidades, perogrulladas: Ideas sobre Dios y la familia, la defensa de la vida, e incluso la noción simbólica de los valores tradicionales sin asumir postura». 

«En los estatutos de los partidos hay generalidades, perogrulladas: Ideas sobre Dios y la familia, la defensa de la vida, e incluso la noción simbólica de los valores tradicionales sin asumir postura». 

La necesidad de definir a los partidos

Si los partidos ocultan su ideología, si el TSE no difunde las ideas centrales de las organizaciones políticas, hay que buscar una manera de ubicarlos, entenderlos, exponerlos en su pensamiento.

Desde 2015, ante la falta de claridad ideológica de los partidos políticos en Guatemala, un colectivo de ciudadanos presentó la plataforma “¿Por quién voto?”, una herramienta digital que, a través del pronunciamiento oficial de los Partidos Políticos, busca informar a los votantes sobre el posicionamiento ideológico de las organizaciones políticas vigentes. Además de presentar la correlación personal de los usuarios con cada una de las posturas partidarias, es decir, con qué partido me identifico mejor ideológicamente.

“Creemos que para una consolidación democrática, las ideologías existen e importan”, explica María Fernanda Marroquín, politóloga y coordinadora del proyecto ¿Por quién voto? “No importando qué sistema de partidos tenemos, no importando si los partidos funcionan o no como instituciones, o como franquicias o maquinarias electorales, la ideología siempre guiará las acciones de un partido dentro de los poderes del Estado. La ideología marca la agenda de los partidos y sus intereses al momento de asumir cargos públicos”, añade.

Derecha, centro derecha. Izquierda, centro izquierda. Liberal, estatista. Conservador o progresista. “Es un problema de los partidos negar todas las ideologías. Mantener un discurso vago. Durante la campaña no es algo que se promueva. Y cuando asumen el poder, se siente una traición, has elegido a alguien que no piensa como creías que pensaba”, explica Andrés Franco, integrante de ¿Por quién voto?

Consulta la página de ¿Por quién voto? en https://porquienvoto.org.gt/

La metodología de esta herramienta no necesariamente se basa en los estatutos de los partidos políticos. Cuando las organizaciones políticas presentan sus principios ideológicos ante el TSE, no suelen utilizar las mismas variables, tampoco el mismo orden, ni las mismas definiciones de valores, o posturas ante diversos temas. La palabra “Dios”, por ejemplo, es un concepto utilizado de una forma por algunos partidos, y contextualizada de otra manera por otros en sus estatutos. Lo mismo con “familia”, “justicia”, “honradez”, “humanismo”, “etnias”, “derechos”, “pueblos originarios”, “democracia”. Según dice el vocero del TSE, Luis Gerardo Ramírez, tendría que crearse un instrumento de medición para ordenar toda la información. Y desde luego, no existe.

Fernanda Marroquín explica que para poder medir el pensamiento de los partidos, el proyecto ¿Por quién voto? analizó el pasado, la forma en que se instrumentalizan los partidos y sus principios, lealtades y símbolos. “La ideología entendida como programa o agenda que surge de los intereses en colectivo. La estructura y la organización de un partido importan tanto como la ideología. Hablamos de la configuración de persona y de partido. Porque para ser organización, por más disperso o ambiguo que se perciba, necesariamente tuvieron que llegar a varios acuerdos”, dice Marroquín. 

Entonces ¿Por quién voto? cuestionó a los partidos. El mismo análisis para todos.

Preguntas coyunturales, a manera de afirmación como “La pena de muerte debe ser aplicada”, o “Hubo genocidio en Guatemala”, o “Las iglesias deben pagar impuestos”, sirvieron de parámetros para ubicar la ideología de los partidos. Se consultaron a secretarios generales y a diputados. A menos de tres meses de la primera vuelta electoral, aún faltan las respuestas de tres partidos con posibilidad de inscribir un binomio presidencial, dos de ellos a la espera de que una resolución judicial les permita su participación, como el Movimiento Semilla de Thelma Aldana, y Vamos de Zury Ríos. Está pendiente además el Movimiento de Liberación de los Pueblos (MLP) con Thelma Cabrera como candidata a la presidencia.

“En ese análisis hay que ver las cuotas de poder”, advierte Marroquín. “Porque no es lo mismo entrevistar a Sandra Torres de la UNE (Unidad Nacional de la Esperanza) que a un diputado distrital de determinada casilla. Mientras más cerca de la cúpula de un partido preguntas hay más congruencia. Y si vas a la órbita, la ideología se diluye. Se alejan de la agenda”, dice.

Según los datos de ¿Por quién voto?, los partidos presentan más grupos de coincidencia en términos de valores, éticos y morales; no así en términos económicos, entre aquellos que creen en las funciones centralizadas del Estado y otros más enfocados en el libre mercado.

“El conjunto están casi en el centro, con sus matices y diferencias. Y es preocupante la ligereza ideológica con que continúan presentándose los partidos”, señala Franco. 

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«No importando si los partidos funcionan o no como instituciones, o como franquicias o maquinarias electorales, la ideología siempre guiará las acciones dentro de los poderes del Estado». 

«No importando si los partidos funcionan o no como instituciones, o como franquicias o maquinarias electorales, la ideología siempre guiará las acciones dentro de los poderes del Estado». 

La ideologización tergiversada

La ideología, en Guatemala, no es lo único que te puede aislar dentro de la estructura de un partido político. Tomar postura sobre temas coyunturales también te condena al destierro político.

A decir de Fernanda Marroquín, estas elecciones de 2019 están configuradas también por variables que sin ser ideológicas han polarizado a diversos sectores políticos. La lucha contra la impunidad, la corrupción, o apoyar el trabajo del Ministerio Público o la Comisión Internacional Contra la Impunidad en Guatemala (CICIG), se confunden entre lo conservador y lo progresista. “Son temas de administración pública”, dice la politóloga.

El diputado Jean Paul Briere, electo por el partido TODOS, desde 2016 fue aislado por su bancada dentro del Legislativo. ¿Su pecado? “Haber tomado una postura clara en contra de la corrupción. Apoyar la transparencia. Mi postura pro-CICIG. Eso marcó la distancia”, dice. “Pero no es una cuestión ideológica. Podes ser de extrema derecha o extrema izquierda y estar en contra de la corrupción. Es un tema que nos debería de unir a todos”, añade.

Para Briere, la afinidad política con un partido no necesariamente debe estar condicionada por el pensamiento institucional de los estatutos y los principios ideológicos. “Se trata sobre todo de las personas. Que te sientas bien trabajando en equipo”, explica el diputado que ahora es candidato al Parlamento Centroamericano (Parlacen) por el partido Encuentro por Guatemala (EG). “Yo soy pro vida. Estoy en contra del aborto. No critico a las personas que están a favor. Y no puedo juzgar lo que una persona puede estar pasando. Pero también estoy en contra de la pena de muerte. Me entendes”, defiende Briere. 

Sandra Morán explica que es parte de cómo se ha construido el sistema de partidos políticos y sus ideologías. Las ideas en Guatemala se utilizan para descalificar, para estigmatizar y crear prejuicios, dice, pero también como instrumento de Estado, en el sentido reduccionista de negros y blancos, con una función de control social que se hereda de los años 80.

En efecto, hasta 1985, los partidos de izquierda o con propuestas comunistas estaban prohibidos en Guatemala.

La negación de una ideología por parte de la ciudadanía y de los partidos políticos, como resalta Morán, está configurada por el temor dejado por la guerra. “Esa es la esencia en que se estableció el sistema de partidos que hoy compiten por la presidencia. Resabios que hace falta deconstruir para vivir en una sana democracia”, dice.

El analista Andrés Franco de ¿Por quién voto? explica que la indefinición, o el miedo a asumir una postura ideológica, tanto de los partidos como de la ciudadanía, es un síntoma histórico. “Te estigmatizan. Te satanizan. Hay miedo a que te digan comunista. Lo que muchos no comprenden todavía es que tener una postura sobre un tema específico no configura el aspecto ideológico. No. Una ideología es la suma de muchas posturas, de muchas opiniones propias y coyunturales. Y eso aplica también para los partidos políticos. Pero son ideas que se construyen a partir de cómo entender el Estado, y las personas dentro del Estado”, indica.

No obstante, los partidos políticos se resisten a dar a conocer la forma en que piensan un país como Guatemala. “Con ideologías claras, el votante se entera. Las ideologías sirven como un mecanismo rápido para saber cómo votar. Pero en Guatemala es un relajo”, dice Luis Fernando Mack.

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Una foto de país

Al tomar los datos que publica ¿Por quién voto?, hay que tomar distintos criterios para perfilar en su totalidad el sistema actual de partidos políticos. Es una foto en el tiempo. Una radiografía de país. Y también un síntoma.

La mayoría de partidos se reúnen en el centro del plano cartesiano. Pero las diferencias, como explica Fernanda Marroquín, son las relevantes. Los valores, dice, son los que configuran la balanza. “Hay al menos 11 partidos que se posicionan como conservadores. Unionista, CREO, Victoria, Avanza, Fuerza… Y hay casi una decena que se establece como progresista. UNE, EG, Winaq, URNG… Y dependiendo de cada cuadrante se establece la relación de cada partidos y su correlación de los factores económicos”, señala la coordinadora de ¿Por quién voto?

La herramienta posiciona una tendencia de los partidos al ver el Estado como un elemento central para la administración pública. Y en menor medida, la ideología liberal como propuesta efectiva. “Los partidos, a pesar de sí mismos, creen en el Estado”, dice Andrés Franco.

En el mundo académico, y en diversos centros de pensamiento, se ha tomado a la especie política guatemalteca para intentar clasificarla y entenderla. La Asociación de Investigación y Estudios Sociales (Asies), ha tipificado cinco clases de partido político: de élite, de masas, atrapa-todo, de cartel y de franquicia.

De élite, en Guatemala, han sido: el PAN, o la Unión del Centro Nacional (UCN) a inicios de los años 90.

De masas, como la Democracia Cristiana (DC) que llevó a la presidencia a Vinicio Cerezo en 1985; o el Frente Republicano Guatemalteco (FRG; o la Unidad Revolucionaria Nacional Guatemalteca (URNG).

Las otras clasificaciones (atrapa-todo, cartel o franquicia), son: mutaciones, malformaciones, metástasis, engendros de los partido élite y de masas. Son los tipos de partidos políticos que más ocultan una ideología. Al restar relevancia a las ideas, buscan ganar adeptos de cualquier tipo. Se reparten plazas o territorios y crean alianzas sin unificar pensamientos o revisar sus estatutos. Y se vuelven franquicias, que crecen como células gobernados por caciques que no se articulan bajo ninguna ideología.

En cuanto a extremos, los partidos políticos de Guatemala, no llegan a esos puntos, y su distribución se asienta sobre todo en las zonas de la centro izquierda y centro derecha. No hay partidos de izquierda radical o de derecha radical. Y sin embargo,  según las respuestas de los secretarios generales de las organizaciones políticas, existe una empatía mayor a posicionarse en la izquierda (a secas) que en la derecha. Hay al menos seis partidos políticos que coinciden en ubicarse como izquierda. Y en contraste, sólo tres que la herramienta automáticamente cataloga en la derecha.

Franco dice que tantos partidos políticos generan incertidumbre. Pero obedece también a que en este proceso electoral, las reformas a la Ley Electoral y de Partidos Políticos, obligaron a que muchos partidos que permanecían dormidos debieron despertar para ser parte de estas elecciones, vender o alquilar la ficha, o ser cancelados. “En 2019, llegamos a un punto en el que no tenemos partidos enormes. Que cubran tanto territorio. El número de partidos tan elevado, obedece a la falta de certeza ideológica. El sistema de partidos de Guatemala es personalista. Si el candidato no configura un caudal electoral, es decir, votos, es muy difícil que el partido los consiga”, indica. 

En su fotografía ideológica, Guatemala se presenta como un país de matices y con posibilidades de debate. No existe una polarización demasiado fuerte. Tampoco una ideología dominante. Hay coincidencias. Y el votante podría encontrar quizás una forma de pensamiento que lo represente. Falta acaso que los partidos políticos difundan sus ideas de forma más exacta. Más clara. O que exista una coherencia ideológica junto a una estrategia política. 

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