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06/05/2020

Envejecer frente al Covid-19

Tres adultos mayores han fallecido por Covid-19 a la fecha en Guatemala. Es el sector más vulnerable para enfrentar esta enfermedad.El gobierno ha implementado algunas medidas y prohibiciones especiales para ellos. ¿Pero qué piensan las personas de la tercera edad del coronavirus?¿Su futuro? 

Texto:  Oswaldo J. Hernández
Foto: Oliver De Ros

Hablar del nuevo virus, con un grupo de jubilados reunidos en zona 1, es como alborotar un hormiguero:

“A mí me gusta. Al menos se acuerdan un poco de nosotros. Aún existimos”, dice María Elena Monzón, de 63 años. Viene al parque central de ciudad de Guatemala, porque a veces, los viernes, traen una marimba. Y a ella le gusta bailar.

“Dicen que a nosotros los viejos nos tienen prohibidas las cosas. No podemos ir al hospital, a la biblioteca, tampoco tomar un café en el McDonald’s. Ah pero para que compremos en el súper hasta horario especial y toda la cosa”, comenta Julio Salazar, 68 años, maestro jubilado.

“Yo recuerdo las calles vacías cuando había golpes de Estado. Siempre había. A cada rato. Eso de esconderse no es nuevo en Guatemala”, recuerda Cristóbal Ruiz, 65 años, otro maestro jubilado.

 “Con todas esas máscaras que cargan ya nadie se va a poder enamorar”, hace reír a todo el grupo, Carmen Morales, de 66 años de edad, que todavía trabaja como cocinera.

Los primeros tres fallecidos en Guatemala de los 70 casos de Covid-19 que hay registrados a la fecha eran personas de la tercera edad. Es el grupo de la población, según la Organización Mundial de la Salud (OMS), más sensible ante esta enfermedad. Y en el mundo representan los porcentajes más altos de fallecidos por el coronavirus SARS COV-2. La edad promedio de los que han fallecido en Italia, por ejemplo, era de 79.5 años. Y en España, el 26 por ciento de los 12 mil 641 muertos a la fecha eran de la tercera edad. En Guatemala, según el último censo de 2018, hay 837 mil 280 personas mayores de 65 años. Se trata del 5.6 por ciento de los 14 millones 901 mil 286 de población total estimada. 

Pero qué piensan las personas mayores de lo que sucede. ¿Qué han perdido? ¿Cómo se sienten? ¿Cómo se informan? ¿Saben a dónde ir, qué hacer? ¿Acaso sabe el gobierno qué harán realmente con todos ellos?

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Un hombre de la tercera edad descansa a la espera del inicio del Toque de Queda en el parque central de Guatemala. FOTO: Oliver de Ros.

Forajidos de la tercera edad

Ovidio Mendizabal tiene 71 años y anda en la calle a menos de dos horas de que inicie el Toque de Queda, la medida que durará hasta el 12 de abril y que fue decretada por el Gobierno de Guatemala para contener los contagios por Covid-19 desde las 16:00 horas hasta las 4:00 del día siguiente. “Esa cosa invisible de virus”, refunfuña Mendizabal, viendo una radiopatrulla con sus sirenas encendidas, mientras defiende su salida a la calle: Su rutina. Su distracción. Su caminata. El sol. Sus amigos en el parque frente a la Iglesia de La Recolección. Su todo.

Y acata: “Ya pronto me iré a guardar. Dicen que los mayores no podemos ir a ninguna parte. Que hay riesgo. Que estamos viejos. Que ni al médico ni a la esquina”. Mientras camina lento dice que le toma media hora llegar a su casa en zona 2 desde la Iglesia de la Recolección, que dentro de sus padecimientos actuales está una dorsalgia (dolor de espalda) y su diabetes. Que vive solo, pero que sus dos hijos lo visitan los fines de semana. “Para la gente grande el virus ese, es algo que sólo se viene a sumar. A llover sobre mojado. No me gusta hablar de las enfermedades. No. Pero son cosas a las que uno se acostumbra con el tiempo”.

Cuando platico con Mendizábal, ya han pasado dos semanas desde el primer fallecido por coronavirus en Guatemala. Un hombre de 85 años que viajó a España y que era originario de San Pedro Sacatepéquez, uno de los municipios del departamento central de Guatemala. A la fecha (5 de abril de 2020), dos personas más de la tercera edad han sumado las cifras de fallecidos, y se contabilizan 70 casos confirmados, 52 activos y 15 recuperados. Las cifras han empezado a subir como espuma. 

Una de las primeras acciones emitidas por el Gobierno, el pasado 16 de marzo, fue enfocada directamente a las personas mayores de 70 años. En específico se les prohibió trabajar. Se les prohibió recibir visitas de cualquier persona. También se acordó que no serían recibidos en ninguna de las entidades del Estado, a menos que fuera una emergencia: “Debido a que son grupos de alto riesgo de contagio”, indicó el ministro de Salud, Hugo Monroy.

Y así, la medidas adoptadas para proteger en principio a las personas mayores, el grupo más vulnerable, los han expuesto aún más, al impedirles cubrir sus necesidades básicas.

“Yo no sigo los casos, ni lo que dice el presidente, porque es ponerse como ansioso”, dice Mendizabal. Desde sus arrugas, es la primera vez que se le nota preocupado. Del bolsillo de su suéter saca una mascarilla. Se ve que la ha usado de manera frecuente. Y cuando se la coloca, casi todo su rostro se oculta tras de ella. Solo entonces, protegido, oculto, Mendizabal confiesa que en realidad está en la calle porque ha salido a trabajar. “Soy taxista”, dice tras su mascarilla que ahora, contando la verdad, lo hace ver como un forajido. 

Ha salido a trabajar y sabe que eso para alguien de 71 años está prohibido.

“¿Cómo trabajaría desde mi casa?”, se pregunta a sí mismo Mendizabal. Sin otra opción, dice que ha salido todos los días desde que supo de las medidas del gobierno, arriesgándose no sabe si a una multa o a una captura. “Salgo a trabajar”, enfatiza.

Para Teresa Maldonado, titular de la Defensoría de las Personas Mayores de la Procuraduría de los Derechos Humanos (PDH), las prohibiciones para personas mayores de 70 años crea un vacío legal en Guatemala. “Según la Ley de Protección para las Personas de la Tercera Edad el rango legal para reconocer a un adulto mayor empieza en 60 años y no en 70 como estableció el gobierno. Es decir, las prohibiciones debieron establecerse para todos a partir de los 60 años. Porque es posible que los patrones abusen de sus derechos”, señala Maldonado.

Mendizabal, sin embargo, dice que saldrá a trabajar mañana y pasado mañana. Los días que hagan falta, porque no puede detenerse. “Hay que sobrevivir”, justifica.

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Los adultos mayores representan uno de los grupos más vulnerables ante el virus responsable que provoca el Covid-19. FOTO: Oliver de Ros.

Prohibido ayudar a los mayores

“Lo primero que nos sucedió después del primer muerto por el virus fue perder las medicinas”, dice, de repente, Cristóbal Ruiz a sus compañeros jubilados en el parque central.

En su relato habla de una complicación cardiovascular que padece, de cómo cada cuatro o cinco meses debe asistir a consulta general en el Centro de Atención Médica Integral para Pensionados (CAMIP), del Instituto Guatemalteco de Seguridad Social (IGSS). Madruga esos días, señala, para no perder su turno. Ve viejos amigos. Y conoce nuevos doctores. Recuerda que hace unos días le avisaron que su siguiente cita había sido cancelada. “Cerraron todo. Las consultas externas. Los exámenes. Tampoco dan medicinas a menos que mandes a algún nieto a recogerlas”, dice.

Pero sus nietos, como explica, están lejos. Están en Zacapa, otro departamento de Guatemala. Y él en la capital está solo.

Al contactar al IGSS, en efecto confirman que no están atendiendo a los pensionados. “Por seguridad. Para evitar que salgan de casa”, como explica Karla Espinoza, operadora de Call Center. Las medicinas se están entregando, pero conllevan algo de burocracia. Al menos 500 gestiones de pensionados se realizan cada día. Y la operadora explica que se mantienen algunos protocolos que pueden ser severos pero necesarios.

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Instrucciones del Instituto Guatemalteco de Seguridad Social para los pensionados. Fuente: IGSS.

Las mismas prohibiciones suceden en todas las consultas externas de los servicios de salud. En la Superintendencia de Administración Tributaria (SAT), en el Ministerio de Finanzas… en las insituciones del Estado: Está prohibido asistir a los mayores de 70 años.

“Con prohibirnos tantas cosas de salud nos están matando”, exclama Julio Salazar, otro de los jubilados. “No siempre es por emergencia que vamos a un doctor. Nos sentimos mal y resulta que nos hemos enfermado de una nueva cosa”.

“Salir o no salir. Eso no importa. Sino las necesidades. Cómo comemos. Cómo vamos al mercado o a la tienda. Sí salimos. Pero cuando ya no se pueda ¿qué vamos a hacer? Ustedes, jóvenes, porque pueden usar esos nuevos teléfonos, el internet, para que les traigan las cosas. Yo ya no estoy para aprender esas cosas. Y siempre estoy pidiendo favores a mis vecinos”, señala Elena Monzón, viuda y sin hijos.

“El mundo entero va a cambiar después de esto. Eso dicen. Solo que nosotros no sabemos si vamos a poder verlo, ¿verdad?”, lamenta Carmen Morales.

¿De qué mueren los mayores?

Ahora cada uno de este grupo de mayores en el parque central enumera algunos de sus padecimientos. Ruiz, además de padecer del corazón tiene cataratas. Salazar es diabético y tiene la presión alta. Monzón sospecha que tiene punto de inicio de artritis en uno de sus dedos. Y Morales dice que el año pasado se le detectó piedras en la vesícula pero que tiene miedo a ser operada.

“Y ahora con el virus. Dicen que no te deja respirar. Que es como vidrio quebrado en los pulmones. O eso leí. Yo de verdad no se lo espero a nadie”, indica Morales. Hablan de otros países que consideran avanzados. Están informados. Saben que Italia ha colapsado su sistema de Salud. Saben que en España los muertos se cuentan por miles.

Se preguntan qué sucederá en Guatemala…

Según los datos del Instituto Nacional de Estadística (INE) de Guatemala, la primera causa de muerte para los mayores de 60 a 75 años es la Diabetes. Más de 1500 adultos mayores murieron de esta enfermedad en 2018. En este rango de edad el infarto agudo del miocardio la segunda causa de muerte. Luego le sigue la Neumonía, una enfermedad que puede tener síntomas asociados a Covid-19.

 

Es por esta razón que estas estadísticas preocupan a los médicos en relación a los adultos mayores. No es baladí. Para la geriatra y gerontóloga Karin Olmstead, Directora del Centro de Cuidado del Adulto Mayor Virgen del Rocío, estas causas de fallecimiento establecen un patrón de vulnerabilidad alto para los pacientes de la tercera edad. “A mayor edad, con el número de padecimientos, también aumentan los medicamentos que se deben tomar. Los pacientes se debilitan y hay que cuidarlos de mejor manera. En especial casos de afecciones cardíacas y pulmonares. Es una población frágil ante una pandemia”.

El futuro envejecido 

Guatemala, dentro del contexto de Covid-19 como pandemia, es un país joven, a diferencia de muchos países de Europa envejecidos.

El jubilado Julio Salazar vuelve a la discusión con sus compañeros para hablar sobre el futuro. “De Europa dicen que hay muchos viejos. Cuando esto termine habrá que ver cómo queda todo. Igual acá, si es que sobrevivimos. Yo pienso que viene lo peor”, comenta. 

“Nadie se está cuidando. Pero tienen razón en salir y tratar de trabajar, porque acá hay que buscar la comida a diario”, dice la cocinera Morales.

“No quiero sonar pesimista, pero Guatemala no va a resistir si la cosa se pone como esos países avanzados”, recalca Salazar.

“Yo no sé ustedes, pero quiten esa cara porque ¡yo! todavía no me voy a morir”, dice Morales y de nuevo ríe y hace reír a todo el grupo.

 

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Lo mínimo desde el Estado 

Mientras hablamos, estos jubilados no saben que el Congreso de la República ha pensado mínimamente en ellos como parte de una población vulnerable frente a este coronavirus. Los diputados aprobaron la Ley de Emergencia para Proteger a los Guatemaltecos de los Efectos Causados por la Pandemia Coronavirus Covid-19. para asegurar dos préstamos de US$200 millones y otro de US$250 millones.

Entre los fondos aprobados, se encuentra uno de Q700 millones para el Ministerio de Desarrollo Social (Mides) y el Ministerio de Agricultura Ganadería y Vivienda (Maga) —Q350 millones cada uno— que se utilizarán para implementar un sistema de cupones que permita dotar de insumos básicos y medicinas a familias en situación de vulnerabilidad y adultos mayores.

También se destinarán Q100 millones a la ampliación del Programa del Adulto Mayor del Ministerio de Trabajo y Previsión Social. La mitad de estos recursos provendrá de reasignaciones presupuestarias a lo largo del año. 

Se intentó buscar la opinión de diputados de VAMOS, la bancada oficial, para explicar a detalle estos rubros, y cómo serán enfocados a los adultos mayores de Guatemala, pero los mensajes no fueron contestados.

En Guatemala, como explica la defensora de la PDH, Teresa Maldonado, existen pequeños esfuerzos por parte del Estado para velar por el bienestar de las personas mayores. El más visible, quizás sea el Comité Nacional de Protección a la Vejez (CONAPROV), coordinado por la Secretaría de Obras Sociales de la Esposa del presidente (SOSEP), e integrado por representantes del Instituto Guatemalteco de Seguridad Social (IGSS), Ministerio de Salud y el de Trabajo, además de la PDH y Procuraduría General de la Nacional (PGN). Sin embargo, según la defensora, las reuniones de este Comité han sido muy escasas. “Están desprotegidos”, comenta.

Las personas que nunca generaron una relación de dependencia laboral con alguna entidad, y que trabajaron toda su vida de manera informal, solo tienen una opción que se llama Programa del Aporte Económico del Adulto Mayor, —cuya Ley fue aprobada en 2005—, pero como comenta Maldonado, apenas son pensiones de Q400 al mes. No alcanza. 

Los adultos mayores en el parque central, se han puesto a comentar de sus propias crisis financieras.

“La jubilación de un maestro es limitada. Uno se jubila, pero para recibir Q5 mil al mes, el máximo permitido, uno debe aguantar más de 30 años de trabajo. Es el escalafón, a, b, c, d, e… Yo llegué a la f”, dice orgulloso Cristóbal Ruiz.  Lo mismo gana Salazar, como maestro jubilado.

Carmen Morales, la cocinera los mira con un poco de desdén. Ella tiene ahorros, pero no tanto para vivir a futuro. “Lo que he podido rascar”, dice, incluso divertida. Y María Elena López, en silencio, prefiere no entrar en detalles.

“Hasta hace dos semanas no teníamos tema de conversación. Y ahora yo creo que nos aburre”, dice ella. “Creo que a nosotros, los mayores, no nos gusta hablar de la gente que se muere”.

“Yo mañana ya no salgo de casa. Lo prometo”, dice Ruiz. Parece sincero.

“Es que todo cambia tan de prisa. Y nosotros ya no somos rápidos. Si usted me hubiera visto entonces, seguro nos casamos”, espeta Morales divertida.

Entonces el grupo empieza a hablar de Dios… De las religiones… De la Semana Santa echada a perder por un virus. “¡Cosa no vista!”, exclama uno de ellos. Pero la discusión se traba porque son obstinados en tener siempre la razón. Y más en estos temas. Del que no saldrán, hasta que quizás llegue la hora de buscar el encierro, perderse como fantasmas en el asfalto de la ciudad, porque, entre las prohibiciones, como ellos saben, en Guatemala las calles deben estar vacías durante doce horas a partir del inicio de toque de queda. 

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La Plaza de la Constitución representa uno de los puntos de encuentro de grupos de adultos mayores. FOTO: Oliver de Ros
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Centinela Covid-19 es un proyecto de periodismo colaborativo y transfronterizo sobre la respuesta al Covid-19 en América Latina, del Centro Latinoamericano de Investigación Periodística (CLIP), Chequeado (Argentina), El Deber (Bolivia), Agência Pública (Brasil), El Espectador y La Liga contra el Silencio (Colombia), La Voz de Guanacaste (Costa Rica), Ciper (Chile), GK (Ecuador), El Faro (El Salvador), No-Ficción (Guatemala), Quinto Elemento Lab (México), El Surtidor (Paraguay), IDL-Reporteros (Perú) y Univision Noticias (Estados Unidos), con el apoyo de Oxfam y el Pulitzer Center on Crisis Reporting.

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