01/03/2021
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La Cicig vista por sus abogadas | Ep06

TRANSCRIPCIÓN

El Experimento es un podcast producido por Sebastián Escalón para No Ficción Guatemala. Narrado por Guillermo Escalón. Investigación, guion y montaje Sebastián Escalón. Edición de textos, Oswaldo Hernández. La música es de Lloyd Rogers.

 Episodio 6, La CICIG vista por sus abogadas

NARRADOR: Venían de Italia, Francia, Suecia y España. Venían de Colombia, Costa Rica, Chile y Perú. Eran fiscales, juristas, criminólogos, analistas financieros y expertos en seguridad. Desde sus inicios en el 2007, la CICIG fue una torre de Babel de competencias y orígenes.

Falta aquí, por supuesto, una nacionalidad. La guatemalteca. El personal nacional tuvo un papel determinante en la historia de la CICIG. No podía ser de otra forma. Los de aquí sabían en qué arenas movedizas estaba parada la comisión. Tenían bien identificadas a las fuerzas a las que se enfrentaban. Los nacionales fueron los sherpas de la comisión.  

Los internacionales tenían sus destrezas. Venían con hojas de vida impresionantes. Algunos eran expertos mundiales en su área de conocimiento. Traían métodos de investigación desconocidos por esta región. Manejaban teorías jurídicas que nunca se habían escuchado en los juzgados del país.

Pero no sabían mucho de Guatemala. Por ejemplo, no conocían la legislación local. Tampoco podían intuir las idiosincrasias del sistema de justicia nacional: las manías de los jueces, las normas de etiqueta y esas reglas no escritas, algo misteriosas, de las cuales puede depender el resultado de un proceso judicial. Por eso, desde el inicio, la CICIG tuvo que contratar abogados nacionales. O, para ser más exactos, abogadas. La mayoría eran abogadas.

Durante 12 años, ellas fueron la cara visible de la comisión en los juzgados y tribunales. Siempre estuvieron en primera línea de fuego. Por lo tanto, se expusieron a riesgos que los internacionales no conocieron. Tres de estas abogadas nos contaron un poco de su experiencia. Son Flor Gálvez, Leily Santizo y Claudia González.

Entrada del podcast. Para No Ficción, Guatemala, esto es El Experimento.

Dos temporadas y doce capítulos para contar los éxitos y fracasos de la CICIG, el equipo internacional que reveló las entrañas corruptas del Estado de Guatemala.

Escrito y producido por Sebastián Escalón. Narrado por Guillermo Escalón.

Capítulo Seis: La CICIG vista por sus abogadas

NARRADOR:  Flor Gálvez trabajó por 11 años en la CICIG.  Se puede decir que lo vio todo.

FLOR GÁLVEZ: Puedo escribir un libro.

NARRADOR:  Entró a la comisión cuando esta llevaba apenas unos meses de operación. Se quedó hasta el final, en el 2019.

Como la mayoría de las abogadas de la CICIG, Flor Gálvez venía del Ministerio Público. Era analista criminal. Su primer contacto con la comisión fue con la investigación sobre la narcomatanza de Zacapa. Nueve muertos quedaron en un balneario de Río Hondo. Fue una batalla con bazucas y armas automáticas que enfrentó a los Zetas con un cártel local. Entre los muertos, Juancho León, uno de los capos guatemaltecos de la droga. 

Cuando los investigadores de la CICIG empezaron sus averiguaciones, vieron cómo trabajaba Flor Gálvez.

FLOR GÁLVEZ: Llegaron unos policías y personal europeo a trabajar al MP. Trabajaron conmigo y ellos me conocieron y me recomendaron para ser el proceso e ingresar a la CICIG.

 NARRADOR:  Le propusieron unirse a la comisión. Ella aceptó. Tenía 27 años.

La abogada Claudia González también venía del Ministerio Público. Había trabajado en la secretaría de política criminal. Un día, en el 2010, el diario Prensa Libre publicó un anuncio en los clasificados. Se buscan abogados con experiencia en organizaciones sociales. El anuncio no decía qué organización estaba contratando, pero…

CLAUDIA GONZÁLEZ: Intuí que era de la CICIG y apliqué. Luego me llamaron a entrevista y pasé por un proceso normal.

NARRADOR: ¿Normal? No del todo. Entrar a la CICIG no era nada fácil. La comisión manejaba información ultra-sensible. Gente muy poderosa estaba dispuesta a ofrecer buen dinero por saber a quién investigaba CICIG y qué pruebas tenía. Por eso, antes de ser contratado, había que pasar entrevistas, y más entrevistas, y más entrevistas.

CLAUDIA GONZÁLEZ: Pasé hasta polígrafo.

NARRADOR:  El detector de mentiras. La CICIG lo utilizaba todo el tiempo. Pero el proceso no acababa allí. Los candidatos eran investigados a fondo. Referencias, relaciones, antecedentes. No se les fuera a colar un espía. Recuerda Leily Santizo, quien entró a la comisión en el 2011:

LEILY SANTIZO: Y según sé, también hacían una investigación. Porque la Comisión mantenía vínculos con el Ministerio de Gobernación y el Ministerio Público, podían tener acceso a información para poder asegurarse que las personas a quien contrataban, tenían la certeza que no habría fuga de investigación o se podrían tergiversar las investigaciones.

NARRADOR:  Flor Gálvez, Leily Santizo y Claudia González superaron las pruebas y se integraron a los equipos de la CICIG. Su puesto era el de oficial legal.

CLAUDIA GONZÁLEZ: Oficial legal, que era formar parte de un equipo integrado por policías, investigadores y analistas, y mi función era llevar los casos a tribunales.

NARRADOR:  Las tres abogadas trabajaron en algunos de los casos más emblemáticos de la comisión.  Flor Gálvez participó en el proceso contra Alfonso Portillo y en casos de adopciones irregulares. Litigó en los casos La Línea, Byron Lima y Oderbrecht. Leily Santizo estuvo en el caso manipulación de la justicia y el caso Génesis, que implicaba a una familia de narcos que robaba tierras a campesinos pobres. Claudia González llevó el caso Marlene Blanco Lapola, una directora de la policía acusada de liderar una red de sicarios. Participó también en el caso Pavón y plan Gavilán, el de las plazas fantasmas y el del bufete de la impunidad. Asuntos pesados. Hablaremos de ellos en la siguiente temporada de el experimento.

Y claro trabajar para la CICIG tenía su precio. Suponía dedicarle todas sus energías a la comisión.  

LEILY SANTIZO: Un día en la Comisión en el área de litigio, entrábamos de siete y media de la mañana, y a las diez de la noche todavía había gente en la comisión.

PERIODISTA: Nunca acababa eso

No, nunca. Y entre más se investigaba, más cosas se encontraban, y se necesitaba más recursos, más tiempo, más analistas. Eso era agitado todos los días.

PERIODISTA: No tenías vida personal…
Todo era trabajo, y todo era CICIG.

NARRADOR:  Trabajar para la CICIG limitaba, pues la vida social. Fue como un confinamiento, pero por otras razones.

CLAUDIA GONZÁLEZ: Llegué al punto de no seguir mi vida normal sino que limitaba mis salidas para evitar conversar sobre los casos, conversar sobre la información, etcétera.

NARRADOR:  El problema es que la comisión no siempre valoraba este sacrificio. La CICIG era una organización internacional. Como en todas ellas, había una línea marcada entre el personal guatemalteco y el internacional.  

Dos sospechas pesaron sobre los locales. Primero, la de no tener el nivel de los que venían de fuera. Eso daba pie a actitudes prepotentes por parte de los internacionales.

CLAUDIA GONZÁLEZ: Realmente había de todo. Había gente que te trataba muy bien, y gente que te trataba pésimo. Pésimo. Que esto era la selva y no sabias nada de derecho. Y decías, esto es elemental, pues, o sea.
PERIODISTA: ¿Te refieres a los internacionales?
CAUDIA GONZÁLEZ: Sí. Era una dinámica de creer que uno no sabía derecho penal o que no sabías lidiar con ciertos temas. Y a veces decías, eso no se puede hacer en Guatemala, la norma no te lo permite. ‘No, que en cualquier parte del mundo’. Eso no se puede hacer en Guate, la norma no lo permite por A o por B o por C o por D. ‘Es que este país es no sé qué y no sé cuánto.’ Entonces te alegaban un montón, pero, no se puede hacer
PERIODISTA: Pero qué culpa tienes tú.
CLAUDIA GONZÁLEZ: Sí. No se puede hacer, lo siento. No se puede hacer.

NARRADOR:  La segunda sospecha contra los nacionales era la de no ser tan confiables. Uno de los mayores miedos del personal eran las fugas de información. Y en efecto, fueron frecuentes. Con lo cual, trabajar para la CICIG era sumergirse en un ambiente de paranoia. Todos dudaban de todos. Pero, sobre todo, se sospechaba del personal local. Dentro y fuera de la comisión, se pensaba que las fugas venían de los guatemaltecos. Y esta desconfianza persistente fue dolorosa para los nacionales.

LEILY SANTIZO: Tenían más cuidado con nosotros los nacionales. Que hasta el momento no lo entiendo, pero bueno, ellos sabrán. Eso no me parecía, y a la larga, la experiencia lo verifica, que los nacionales fuimos los que cumplimos con los estándares de ética y profesionalismo de la comisión.

NARRADOR:  También hubo casos de acoso en la CICIG. Mujeres fiscales y policías adscritas a la comisión o a la fiscalía especial contra la impunidad lo sufrieron. En el 2010, el director de investigaciones de la CICIG, el colombiano Pedro Díaz, renunció tras recibir varias acusaciones de acoso. Las denunciantes eran policías y trabajadoras del Ministerio Público.

A pesar de los vicios de la comisión las abogadas tuvieron la oportunidad de aprender de algunos de los grandes juristas internacionales que pasaron por aquí. Los males de la organización tampoco les hizo perder de vista la importante labor que estaban llevando a cabo.  

Uno de los retos que encontraron las abogadas fue lograr que el sistema judicial guatemalteco se acostumbrara a la presencia de la comisión. No fue tarea fácil. La aparición de la CICIG fue como un trasplante de órganos. El cuerpo judicial empezó por rechazarlo. Los funcionarios públicos querían seguir trabajando según sus rutinas.

Parte del problema era que la CICIG llegaba con innovaciones que perturbaban las costumbres. Cosas tan sencillas como poner pies de página en los informes que recibían los jueces eran mal vistas. Otra innovación que hizo mucho ruido en los juzgados fue el uso del PowerPoint. Eso no gustó nada.

FLOR GÁLVEZ: Los abogados peleaban, y los jueces decían, no les vamos a dejar usar. Pero si no estoy introduciendo nada más. Es más fácil explicar algo gráficamente a que te digan mejor no, no lo vamos a dejar usar.  

NARRADOR:  Pero la cosa se complicaba mucho más cuando la CICIG introducía conceptos de teoría jurídica que los jueces no conocían. Los juzgados se convertían en el muro de los lamentos.

FLOR GÁLVEZ: En una audiencia nos pasó algo muy divertido. Estábamos hablando de una teoría doctrinaria pública, y el juez se quedó así... y al momento de resolver dijo voy a dar cuarenta minutos. Se fue. Y al rato regresó. Dijo, como dice la doctrina Wikipedia. (…) Te lo juro. Yo, con mucho respeto decía, no me voy a reír Hasta él mismo no sabía de qué habíamos hablado. Paró la audiencia, y se fue a buscar, pero, en Wikipedia.

NARRADOR:  Pero había desafíos más difíciles para las abogadas de la CICIG. Por ejemplo, soportar el machismo de los jueces y de los abogados.

FLOR GÁLVEZ: En las audiencias, a mí me pasó muchas veces. Me decían señorita en vez de licenciada o abogada.

Pero si es importante esa parte del género. De que, en los espacios de tribunales, a todas nos sucedió. Que teníamos por pelear nuestro espacio hasta que fuimos logrando cierto lugar y cierto respeto.

NARRADOR:  Cuando la CICIG presentaba un caso contra personas de pocos recursos, se enfrentaba a abogados menos preparados. A veces eran defensores públicos que no tenían tiempo para plantear una buena estrategia legal. Pero, cuando los casos implicaban a gente poderosa y adinerada, llegaban los Güizaches famosos. Los Calderón, los Telésforo Guerra, y los Gato Gudiel. Tipos rudos que se sabían todas las mañas, y que, de cara a sus clientes, tenían que mostrarse fieros y agresivos.

FRANCISCO GARCÍA GUDIEL: Esta peor la CICIG que el propio Ministerio Público. Y son investigadores internacionales. Los que le vienen a enseñar al Ministerio Público cómo hacer. Pero perdone señor juez si Katia Vargas le va a enseñar a los investigadores cómo hacer este tipo de informes, le regalo el pasaje, que se vaya. Le cubro el pasaje en primera clase. Que esta señora se largue de este país. Vergüenza da eso.

NARRADOR:  Con gente como Francisco García Gudiel, los juzgados se convertían en una arena de lucha libre.

CLAUDIA GONZÁLEZ: No te imaginas lo que uno recibía en audiencias.
PERIODISTA: Cuéntame
CLAUDIA GONZÁLEZ: Era durísimo. Primero, ponte en una posición, estábamos apoyando al MP, en muchos casos solo estábamos MP y nosotros. En frente podíamos tener a quince o veinte abogados, y si teníamos a Calderón o al gato Gudiel, que solo se iban en insultos, ya podíamos esperar los insultos de los otros abogados.

NARRADOR:  Y cuando acababa la audiencia…

CLAUDIA GONZÁLEZ: Había que salir corriendo. Había gente que nos quería agredir, y solo porque teníamos seguridad… Había cosas muy fuertes. Había gente que nos insultaba o nos pateaban.

NARRADOR:  A nadie le gusta que una señora lo venga a patear. Pero el nivel de estrés era otro cuando los acusados eran narcotraficantes. A Leily Santizo le tocó litigar contra los Mendoza, un clan que opera en Izabal y Petén. El juicio no fue por narcotráfico sino por robo de tierras. Con la complicidad de funcionarios del registro de la propiedad, los Mendoza despojaron de sus parcelas a decenas de campesinos del Petén.

A cada audiencia del debate llegaban familiares y acompañantes de los Mendoza. Ellos eran el peligro. 

LEILY SANTIZO: No podíamos ni ir al baño. En el camino nos preguntaban cuál era el problema con ellos, con la familia, que qué les habíamos hecho. (…) Y había amenazas de muerte de todo tipo. Uno de ellos, ese que le cuento que estaba medicado, me preguntó que cuál era mi opinión de las personas que se querían suicidar.

NARRADOR:  Al final, Walter Mendoza, el patriarca, fue condenado a 16 años de cárcel, y dos de sus hijos a seis. Fue la primera vez que la justicia guatemalteca enfrentó a esta poderosa familia.

A medida que los casos de la CICIG ganaban en amplitud, las intimidaciones empezaron a tomar nuevas formas. El famoso Call Center se puso en marcha. Un ejército de trolls pagados con dinero sucio empezó su labor de hostigamiento. Publicaban acusaciones falsas, fotos y montajes. Al principio, esas cuentas anónimas atacaron al comisionado de turno. Pero luego, se lanzaron contra el resto del personal de la CICIG. Buscaban intimidar a los abogados e investigadores y desgastar el apoyo popular hacia la comisión.

LEILY SANTIZO: Y también los ataques en redes sociales. Empezaron a aparecer fotos mías con no sé qué diputados.

Ya ese nivel se empezó a dar cuando empecé a llevar todos esos casos que vinculaban políticos y a toda esa gente tan peligrosas.

NARRADOR:  Difamaciones que podían llegar muy lejos. Las publicaciones en redes se convirtieron en incitaciones a la violencia.

LEILY SANTIZO:  Sí, en mi caso hasta publicaron hasta la dirección del gimnasio al que asistía.

La verdad si eran cosas que me hacían sentir vulnerable por lo sentía cerca.

NARRADOR:  Fueron periodos duros para las abogadas de CICIG. Y lo cierto es que la CICIG no siempre les brindó la seguridad necesaria. Tampoco tuvieron acompañamiento sicológico continuo para lidiar con la presión.

Y claro, la ansiedad por lo que vendría aumentó a medida que el final de la CICIG se acercaba. Las abogadas estaban en su propio país. En cualquier restaurant, en cualquier cine, en cualquier centro comercial podrían aparecer las personas contra quien habían litigado. Se empezaron a hacer preguntas como: ¿Qué pasaría cuando se fuera la CICIG? ¿Qué tal si los criminales buscaban desquitarse con ellas?

CLAUDIA GONZÁLEZ: Pero igual decíamos, bueno, para bien o para mal, porque sabíamos que si algo malo, nosotros íbamos a pagar el pato, nosotros los nacionales. Porque los internacionales se iban. Los nacionales íbamos a cargar con la culpa que quedara.

Cuando dábamos pasos importantes de golpes a la corrupcion, yo decía, esto es bueno es importante, pero cuando vuelva de regreso, el contragolpe nos va a doler mucho.

NARRADOR:  Y así ha sido para algunos. Claudia Paz y Paz y Thelma Aldana, las fiscales generales, no pueden volver a Guatemala. Juan Francisco Sandoval, el jefe de la fiscalía Especial contra la Impunidad carga a sus espaldas decenas de denuncias. Todas son espurias.

Afortunadamente, Leily Santizo, Claudia González y Flor Gálvez han podido seguir con sus carreras. Claudia González y Leily Santizo defienden al personal de la fiscalía especial contra la impunidad. Flor Gálvez litiga casos de violencia contra la niñez.

Al término de esta primera temporada de El Experimento queríamos recordar que, sin esos investigadores, abogados, fiscales, testigos y policías que se la jugaron día tras día con la CICIG y el Ministerio Público, nada de esto hubiera pasado:

AUDIO MANIFESTACIONES 2015 

NARRADOR:  Con esto, hemos llegado al final de la primera temporada de El Experimento. Ya estamos trabajando en la siguiente. Entre tanto, no pierdan la sintonía con No Ficción.

Créditos: 

El Experimento es un podcast producido por Sebastián Escalón para No Ficción Guatemala. Narrado por Guillermo Escalón. Investigación, guion y montaje Sebastián Escalón. Edición, Oswaldo Hernández. La música es de Lloyd Rogers.

El Experimento ha sido posible gracias al apoyo de la Seattle Foundation y del National Endowment for Democracy.

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El Experimento es un podcast producido por No Ficción Guatemala. Narrado por Guillermo Escalón. Investigación, guion y montaje Sebastián Escalón. Edición, Oswaldo Hernández. La música es de Lloyd Rogers.
El Experimento ha sido posible gracias al apoyo de la Seattle Foundation y del National Endowment for Democracy.
Material de archivo: La Hora, Telecentro13, CNN en Español, Noti 7,Enfoque 21, Plaza Pública, Prensa Libre y Univisión.  
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