22/02/2021
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Guatemala pide auxilio | Ep01

TRANSCRIPCIÓN

El Experimento es un podcast producido por Sebastián Escalón para No Ficción Guatemala. Narrado por Guillermo Escalón. Investigación, guion y montaje Sebastián Escalón. Edición de textos, Oswaldo Hernández. La música es de Lloyd Rogers.

Episodio 1. Guatemala pide auxilio

 

NARRADOR: El 19 de febrero del 2007, un hecho de sangre conmocionó a Guatemala. Un hecho que cambió el curso de su historia reciente.

CLIP NOTICIARIO: Los tres diputados del partido Arena que fueron asesinados este lunes por la noche ingresaron a territorio guatemalteco ese mismo día a las 11 de la mañana como parte de un grupo de parlamentarios que viajaba en una caravana custodiada por la PNC de Guatemala.

NARRADOR: Tres diputados salvadoreños del parlamento centroamericano y su chofer aparecieron muertos en un descampado a orillas de la capital.

CLIP NOTICIARIO: La Fiscalía guatemalteca enfrentó serios problemas para procesar la escena del crimen debido a que el vehículo y los cuerpos fueron calcinados con la intención de borrar cualquier tipo de evidencia.

NARRADOR: Los diputados habían viajado desde El Salvador escoltados por la policía. Fueron secuestrados en pleno día, en una de las calles más transitadas del país.

CLIP NOTICIARIO: Los oscuros detalles del horrendo crimen apenas se empezaban a conocer la semana pasada. Todo empezó en la frontera de las Chinamas a las ocho y diez de la mañana

NARRADOR: El hecho provocó un escándalo diplomático. El Salvador exigió que se hiciera la luz sobre el crimen. Incluso, envió al director de la policía salvadoreña, Rodrigo Ávila, a investigar el caso.

Pronto se supo que el crimen había sido cometido por miembros de la policía. Para Guatemala, esto era una situación vergonzosa. Tres dignatarios extranjeros habían sido salvajemente asesinados en su suelo, y para colmo, los autores eran parte de las fuerzas del orden.

CLIP NOTICIARIO: La mañana del jueves 22 fueron capturados el entonces jefe de investigación criminal Luis Arturo Herrera López de 39 años.

NARRADOR: Según el Ministerio Público, habían matado a los diputados para robarles un cargamento de droga o de dinero.

Fueron llevados a El Boquerón, una cárcel de máxima seguridad.

Los ciudadanos podían respirar aliviados. Los asesinos habían sido neutralizados. Las autoridades habían demostrado capacidad y eficiencia. El gobierno podía levantar la frente después del bochorno internacional.

Solo que… esta ficción no duró mucho tiempo. Duró seis días, para ser exactos.

CLIP NOTICIARIO: Y ayer domingo se conoció que los cuatro agentes fueron asesinados en el interior de la cárcel de máxima seguridad de El Boquerón. Al parecer los asesinatos se produjeron en medio de un motín en el que los únicos muertos fueron los agentes que se presume fueron degollados.

 

NARRADOR: No fue un motín. Eso fue la mentira del Ministerio Público. En realidad, un comando entró a la cárcel. Todas las rejas se le abrieron. Los hombres asesinaron a los agentes, y salieron del lugar sin que nadie se opusiera. El director de la policía salvadoreña entendió que estaba ante un crimen de Estado:

CLIP NOTICIARIO: Lo más obvio en este momento es que las personas que cometieron el homicidio tienen nivel de influencia al interior de las estructuras policiales o estructuras penitenciarias o estructuras de Estado.

 

NARRADOR: Para el gobierno de Óscar Berger, sonó la hora de la debacle. Era evidente que las estructuras del crimen organizado subían hasta lo más alto del Estado. Una crisis política estalló. El ministro de gobernación Carlos Vielmann y el director de la policía, Erwin Sperisen, tuvieron que renunciar.

Pero estos ocho asesinatos tuvieron un efecto aún más importante. Fueron ese empujón que a veces necesita la historia para cambiar de rumbo. La doble masacre demostró que Guatemala estaba desamparada frente a las mafias. Guatemala necesitaba ayuda. El gobierno tuvo que aceptar la que le ofrecía la comunidad internacional.

A partir de ese mismo año, Naciones Unidas puso en marcha un experimento único en el mundo. Algo novedoso. Guatemala se convirtió en un laboratorio a cielo abierto. Aquí, se puso a prueba un tratamiento inédito para luchar contra la impunidad.

Ese experimento se llamó CICIG. Comisión Internacional contra la Impunidad en Guatemala.

A lo largo de los 12 años siguientes, la comisión identificó a más de 70 estructuras criminales. Llevó ante la justicia a más de 1,500 personas.

Pero, sobre todo, expuso las entrañas de un Estado mafioso. Un Estado capturado y manipulado por las élites económicas, militares, políticas y judiciales.

Guatemala no es el único país dominado por una cleptocracia descarada.  En muchas otras naciones, acaso la mayoría, la impunidad se fabrica en las cortes, los palacios legislativos y las cámaras empresariales. Por eso, las lecciones que dejó el experimento CICIG trascienden las fronteras de Guatemala. Sus aciertos, sus errores hablan a todo el mundo. Por eso, queremos contar su historia.

 

Entrada del podcast. Para No Ficción, Guatemala, esto es El Experimento.
Dos temporadas y doce capítulos para contar los éxitos y fracasos de la CICIG, el equipo internacional que reveló las entrañas corruptas del Estado de Guatemala.
Escrito y producido por Sebastián Escalón. Narrado por Guillermo Escalón.
                    Capítulo 1, Guatemala pide auxilio.

 

NARRADOR: Para muchos, el año 2000 traía esperanzas renovadas. Las de un mundo en paz, las de un mundo mejor. En cambio, para Guatemala, era un regreso al pasado, a los tenebrosos años ochenta. El partido fundado por el exdictador Efraín Ríos Montt había ganado las elecciones. El general de las masacres dominaba el Congreso, mientras Alfonso Portillo, que ocupaba la presidencia, abría las puertas a las viejas estructuras del terror. Gracias a ellos dos, los militares que habían secuestrado y torturado durante la guerra civil regresaron a cargos oficiales.

Los aparatos del terrorismo de Estado seguían vivos. La muerte del obispo Juan Gerardi lo confirmaba. Dos años antes, los militares lo habían asesinado después de presentar el informe Guatemala: Nunca más. Este documento recogía los testimonios de miles de víctimas del conflicto armado.

Los activistas de derechos humanos estaban al borde del pánico. El regreso de las estructuras de represión les quitaba el sueño. Unas estructuras a las que dieron un nombre. Las llamaron CIACS, Cuerpos Ilegales y Aparatos Clandestinos de Seguridad.

  FRANK LA RUE: Los aparatos clandestinos, eran los aparatos que normalmente armaba inteligencia militar.

NARRADOR: Él es Frank La Rue, fundador del Centro de Acción legal para los derechos humanos.

FRANK LA RUE: Escuadrones de la muerte que infiltraban a la sociedad civil, infiltraban a organizaciones de derechos humanos o familiares de desaparecidos o familiares de víctimas, etcétera.  

Y los cuerpos ilegales eran más bien los privados. Eso también viene históricamente desde la Mano Blanca, que fueron grupos de matones, grupos paramilitares, escuadrones de la muerte pero que eran financiados desde la derecha, o partidos de derecha, desde intereses económicos, especialmente agrícolas.

NARRADOR: ¿De dónde venían estos cuerpos armados? La respuesta está en la guerra civil que acababa de terminar. Durante 36 años, el Ejército se enfrentó a grupos guerrilleros de inspiración marxista. Para vencer a la guerrilla, el Ejército lanzó una campaña de tierra arrasada. Cientos de aldeas fueron incendiadas. Decenas de miles de campesinos, la mayoría indígenas, fueron asesinados o forzados a huir.

 Al principio, el Ejército contó con el apoyo financiero de Estados Unidos. La superpotencia no quería otra Cuba en América. Pero en 1977, las violaciones a los derechos humanos indignaron al presidente Jimmy Carter. Ordenó suspender la ayuda militar a Guatemala.

Para los militares, esto fue una ingratitud descomunal ¿Cómo podía ser que los gringos regalaran un millón de dólares diarios al Ejército de El Salvador, y nada al de Guatemala? ¿Acaso no estaban librando la misma batalla contra el comunismo? Pero igual, la guerra tenía que seguir. Y el dinero, tenían que encontrarlo de una u otra forma.

De eso se encargaron los oficiales de la inteligencia militar. Además de coordinar las masacres y desapariciones, estos militares buscaron la manera de ser autosostenibles. Y la encontraron. Tomaron el control de todas las aduanas del país. Desde allí, empezaron a cobrar sobornos a los importadores. Desde allí, dirigieron el contrabando y otras operaciones muy lucrativas.

EDUARDO STEIN: Este es, para nosotros el inicio de las redes de defraudación aduanera. Y también aquí aparecen los primeros indicios de involucramiento de algunos militares con el narcotráfico.

NARRADOR: Él es Eduardo Stein, vicepresidente de Guatemala entre 2004 y 2008, durante el gobierno de Óscar Berger.

Los oficiales diversificaron sus fuentes de ingreso. Narcotráfico, robo de vehículos, secuestros, tráfico de personas, de maderas preciosas, de tesoros arqueológicos. Todo valía. La amenaza comunista lo justificaba todo ante sus ojos.

Y mientras tanto, Estados Unidos siguió apoyando a los militares. De manera discreta, claro. La CIA pagó sobresueldos a los oficiales que dirigían en la represión.  Una especie de bono motivacional, para el buen desempeño.

PERIODISTA: ¿Estos cuerpos ilegales se crean y se mantienen en parte gracias al apoyo de la CIA?
EDUARDO STEIN: Es muy posible que así fuera. Nosotros encontramos algunos indicios dentro de papeles desclasificados, que en efecto se servían de un oficial militar guatemalteco que era el pagador de la CIA para todo este sistema de sobresueldos.

 

NARRADOR: En 1996 callaron las armas. La guerra y las masacres dejaron 200 mil muertos, decenas de miles de desaparecidos, un millón de desplazados. La guerrilla y el gobierno firmaron los acuerdos paz. Y en estos acuerdos, el Estado se comprometió a desmantelar sus cuerpos ilegales. Los escuadrones de la muerte y las estructuras de inteligencia debían desaparecer. Pero, esto no ocurrió.  

 

EDUARDO STEIN:  Nos dimos cuenta más bien que las estructuras clandestinas, que habían probado la miel de la ilegalidad con negocios oscuros para financiar la guerra sucia, como fue en el caso Irán Contra, seguían para el enriquecimiento ilícito.

NARRADOR: Estos grupos se transformaron. Los oficiales ya solo buscaban enriquecerse.

EDUARDO STEIN: Estos aparatos creados para la represión se transmutaron en mecanismos de negocios.

NARRADOR: Mil actividades nuevas se abrieron a estas estructuras: sicariato, robo de carros, despojo de tierras, negocios corruptos con el Estado y las municipalidades. Pero para mantenerse impunes, estos CIACS debían controlar el sistema de justicia. ¿Cómo? Pues, lo de siempre: pago de sobornos, amenazas, ataques directos. Poco a poco, se fueron sofisticando. Formaron sus propias de redes de abogados, fiscales y jueces amigos.

CLAUDIA SAMAYOA: Nosotros hablábamos de la democratización de la impunidad.

 

NARRADOR: Ella es Claudia Samayoa, fundadora de la unidad de defensores y defensoras de derechos humanos.

CLAUDIA SAMAYOA: Porque las CIACS originalmente, cuando empiezan a generar abogados para incursionar y tomar y cooptar el sistema de justicia. Muchos de esos abogados formados por los militares son ahora nuestros flamantes magistrados en todas las Cortes posibles.

 

NARRADOR: Varios grupos cobraron renombre en los noventas. Los más famosos fueron la Cofradía, del general Francisco Ortega Menaldo. Y su gran rival, el Sindicato, dirigido por el general Otto Pérez Molina, futuro presidente de la República.

Con la victoria electoral de Alfonso Portillo y Efraín Ríos Montt, estos grupos salieron de la sombra. Ortega Menaldo se convirtió en una especie de consejero del presidente.

CLAUDIA SAMAYOA: Se hace más evidente para nosotros que estamos en las organizaciones de derechos humanos que estas estructuras seguían vivas y coleando.  Entonces era el retorno de Ortega Menaldo al poder. Y entonces es cuando empiezan los ataques en contra de nosotros, con la primera desaparición forzada de un defensor de derechos humanos después del conflicto armado interno.

 

NARRADOR: Con la llegada del año 2000, un escenario de pesadilla se abría para los defensores de los derechos humanos. Se sintieron desprotegidos y vulnerables. En ese contexto, un grupo de activistas se empezó a reunir. Buscaban una solución, una idea. Algo que mantuviera a raya a esos cuerpos represivos.

Periodista: ¿Quiénes eran?
CLAUDIA SAMAYOA: Eran Helen Mack, Neri Rodenas, Frank la Rue, Orlando Blanco, Miguel Ángel Albizures y yo.

 

NARRADOR: Barajaron ideas. Movieron sus contactos internacionales. Y finalmente, plantearon una propuesta a la comunidad internacional. Era idea más bien modesta, muy lejos de lo que sería la CICIG. Sugirieron que Naciones Unidas realizara una investigación sobre esos grupos armados. Esta investigación produciría un informe.  Y con ese informe, el Ministerio Público lanzaría acciones penales.

Naciones Unidas analizó la propuesta y dijo no. Eso no funcionaría. Un informe más en las gavetas, ¿ para qué?. Con eso, ni cosquillas a la Cofradía o al Sindicato.

¿Qué tal si mejor una superfiscalía internacional para perseguir al crimen organizado? Los mejores investigadores del mundo podrían llegar a Guatemala a perseguir a estos aparatos de inteligencia. La propuesta llegó al gobierno de Guatemala, y el gobierno aceptó.

Guatemala es un país de paradojas. ¿Cómo es posible que un gobierno dominado por militares aceptara la idea de una fiscalía internacional husmeando sus negocios?  Esto es lo que dice el expresidente Portillo:

ALFONSO PORTILLO: Y entonces se nos ocurrió que la comunidad internacional podría ayudarnos. Que se hiciera una institución que nos ayudara a enfrentar los grupos paralelos de seguridad, los cuerpos ilegales también, que siguen existiendo, que se han fortalecido, que están más fuertes que nunca. Por eso le digo que nos da la razón hoy, que teníamos en ese tiempo, teníamos la razón, y hoy nos la da la situación actual del país.

 

NARRADOR: Pero según Eduardo Stein, el presidente Portillo tenía otras razones. Lo que buscaba, afirma, era mejorar su perfil internacional. Quería lavarse la cara, por todas las acusaciones contra su gobierno.  

Sea como sea, vale la pena recordar que los gobiernos no están hechos de un solo bloque. Cada ministro jala para su lado. Y en el de Portillo, estaba el canciller Edgar Gutiérrez. Él impulsó la idea de una fiscalía internacional y la llevó hasta donde pudo.

Esta superfiscalía se llamaría CICIACS. Comisión Internacional contra los Cuerpos Ilegales y Aparatos Clandestinos de Seguridad. En enero de 2004, la ONU y el canciller Gutiérrez firmaron su acuerdo de creación.

Que nadie se engañe. Firmar un papel es muy fácil. A los gobernantes guatemaltecos les encanta firmar convenciones y tratados internacionales. Cualquier cosa que les pongan delante, lo firman. Quedan bien con todo el mundo. Saben que luego, el Congreso tiene que aprobarlo. Y eso, es otra historia.

Así fue con la CICIACS. Solo vería la luz si los diputados la ratificaban. Y el Congreso estaba dominado por un hombre: Efraín Ríos Montt. Todos sabían que el general no lo permitiría. Y no lo permitió. Allí murió el esfuerzo. Ese Congreso decidió que la CICIACS no vería la luz. 

(Música de campaña de Berger)

NARRADOR: Cada cuatro años, Guatemala se llena de cancioncitas alegres. Marcan la temporada electoral. Prometen un futuro mejor que nunca llega. En 2003, los guatemaltecos eligieron a un presidente cercano a las élites empresariales. Óscar Berger sustituyó a Alfonso Portillo. El conejo tomó la silla del pollo ronco. Y Eduardo Stein, político y diplomático de gran prestigio, se convirtió en vicepresidente.

¿Se esfumaron así los fantasmas del pasado? ¿Salieron del gobierno las viejas estructuras represivas? No. Siguieron allí, buscando negocios, poder e impunidad. En esos años, Avemilgua, la Asociación de Veteranos Militares de Guatemala, cobró mayor relevancia.

HELEN MACK: Quien se me acercó a mí fue el vicepresidente Eduardo Stein, y me dice, Hele, necesito que me apoyés porque estamos teniendo problemas de gobernanza. Eso salió en los medios, que él daba una instrucción y al final del pasillo ya la instrucción era otra.

NARRADOR: Ella es Helen Mack, activista por la justicia. Ella luchó durante años para que el asesinato de su hermana, la antropóloga Myrna Mack, fuera esclarecido y castigado.

HELEN MACK: Entonces yo le pregunté a él, bueno, y mirá, ¿quiénes son los que más te friegan? ¿El sector privado? ‘No, fíjate, ellos son transparentes, ellos te llegan a pedir que el ministerio de economía, el de finanzas, la SAT, ellos te llegan a pedir qué es lo que quieren’. ¿Entonces son los chafas cerotes? No tanto porque como son activos, entonces son saludo uno, saludo dos. Entonces, le digo yo, ¿quiénes diablos son los que te están jodiendo? Y me dijo Avemilgua. La gente de Avemilgua. Que son los que tuvieron bajo control a Jimmy y que tienen bajo control a Giammattei. Entonces son como los mismos de la época del conflicto, verdad. Cuando él me dijo a mi Avemilgua, ay, le dije yo, entonces ya me lo dijiste todo porque, era con los que yo estaba peleando pues. Es decir, la gente que mandó a matar a mi hermana era la gente de Avemilgua… o sea pues ya teníamos experiencia, yo ya tenía experiencia.

NARRADOR: Ya veremos que Avemilgua no eran los únicos. Había un cuerpo clandestino más activo y más violento dentro del gobierno de Berger.

No estaba claro si el nuevo gobierno retomaría el proyecto de CICIACS. Las élites empresariales no se ponían de acuerdo. Cada cual tenía su opinión. Sin embargo, el proyecto encontró dos promotores hábiles e hiperactivos. El vicepresidente Eduardo Stein y el jefe de la Comisión Presidencial para los derechos humanos Frank La Rue. Con ellos, y con la sociedad civil, el proyecto siguió adelante.   

Lo primero que hicieron fue mandar el convenio a la Corte de Constitucionalidad. Sin el visto bueno de la Corte, no valía la pena intentarlo. Unos meses después, llegó la respuesta. Los magistrados mandaron a decir que no se podía. El convenio era anticonstitucional. Según la Corte, sólo el Ministerio Público tenía derecho a abrir causas penales. Ninguna superfiscalía internacional podía ejercer esa función.

Había que escribir un nuevo convenio. Esta vez, lo llamarían Comisión Internacional contra la impunidad en Guatemala. Parecían iguales, pero no lo eran. CICIG no sería una superfiscalía. Sería un cuerpo de apoyo al Ministerio Público. Los miembros de CICIG no sustituirían a la policía, ni a los fiscales. Sólo les echaría una mano. El proyecto era menos ambicioso, pero a la vez, más aceptable para las autoridades nacionales.   

Con el gobierno de Berger pasaba lo mismo que con Alfonso Portillo. Una paradoja. Una contradicción que cuesta entender. Una parte del gobierno promovía la CICIG con toda su fe. Pero ese mismo gobierno ocultaba al aparato clandestino más violento del país. Desde la policía y el Ministerio de Gobernación operaba un grupo dedicado a la limpieza social. Ese grupo asesinó a miles de jóvenes sospechosos de ser pandilleros.

CLAUDIA SAMAYOA: Los números son inciertos, se habla entre 2600 y 2000 jóvenes ejecutados y desaparecidos por estas estructuras dentro de la policía.

NARRADOR: Estos jóvenes eran secuestrados, torturados, y tirados, ya muertos, sobre las cunetas. La señal distintiva de los escuadrones de la muerte.

CLAUDIA SAMAYOA: Había habido un cambio de ministro de gobernación, Vielmann había tomado control, y surge el ofrecimiento que todo el problema que Berger ve, Vielmann se lo resolvía

 

NARRADOR: En esos años, la violencia urbana se disparó. En el gobierno, algunos pensaron que la mejor solución era el exterminio.

CLAUDIA SAMAYOA: Para ellos Vielmann les resolvía el problema de los delincuentes que hay que matar, y de los campesinos que había que desalojar. Si te das cuenta, la estructura le sirve para resolver el problema a la capa media o media alta

 

NARRADOR: Alejandro Rodríguez Barillas era asesor del procurador de los derechos humanos en esos años. La PDH fue la primera institución en investigar y denunciar esta política de exterminio.

El gobierno de Berger fue un gobierno de dos caras. Una cara siniestra para controlar el bajo mundo y lucrarse de él, y una cara amable y sonriente para los foros internacionales. Una cara decente que ha negado siempre la existencia de la otra.   

     

PERIODISTA: Pero según organizaciones de derechos humanos estos no eran casos aislados de policías malos sino una política de estado.
EDUARDO STEIN: Bueno, en ese sentido yo rechazo categóricamente semejante opinión. Es decir, que existiese en nuestra administración una política intencional de limpieza social, al menos, yo en lo personal, con todo lo que estuve involucrado, yo sí rechazo categóricamente que fuera una política de Estado.

 

NARRADOR: Eduardo Stein y Frank La Rue prosiguieron sus esfuerzos en pro de la CICIG.  Y en diciembre del 2006, el vicepresidente firmó un nuevo convenio con Naciones Unidas. Pero, ya sabemos lo que valen esas firmas. Los dos promotores de la comisión no estaban ni a la mitad del camino.

De hecho, el gobierno, satisfecho con haber firmado un trozo de papel, decidió meterlo en una gaveta. Allí se mantuvo por dos largos meses. Lo normal hubiera sido que el presidente en persona promoviera la CICIG ante el Congreso. Que exigiera públicamente la ratificación del convenio. No sucedió así.

HELEN MACK: Pero lo que empujó, o lo que dio las condiciones para la aprobación fue lo de los parlamentarios. Porque eso solamente confirma la existencia de los Ciacs y su capacidad operativa y que era la gente misma del Estado.

NARRADOR: Pero la historia tiene otras maneras para ponerse en marcha. El 19 de febrero, los diputados salvadoreños. La crisis política. El bochorno mundial.

El presidente Berger ya no tenía opción. Envió el convenio de CICIG al Congreso y la batalla por su ratificación pudo empezar. No fue fácil.

 La clase política se polarizó.  Los que se oponían a la comisión empezaron a ocupar los medios de comunicación.

(Música inicio de Libre Encuentro)

NARRADOR: Los foros y debates se multiplicaron alrededor del tema.  

                                      (Audio debate)

NARRADOR: Los analistas de la Universidad Francisco Marroquín estaban en contra. Entre ellos, Pedro Trujillo.

PEDRO TRUJILLO EN LIBRE ENCUENTRO: Eso no es asesoría, ese es el tema. No es asesoría, es una maquinaria que está por encima, o paralela al Estado. Yo me atrevería a decir que por encima, según esto. Y lo peor, nos va a distraer la atención...

NARRADOR: Y José Luís González Dubón:

DIONISIO GUTIERREZ EN LIBRE ENCUENTRO: Doctor González, ¿qué de malo puede darle a Guatemala CICIG, si termina aprobado el proyecto?
JOSÉ LUIS GONZÁLEZ DUBÓN EN LIBRE ENCUENTRO: No se puede construir un estado de derecho fuera del derecho, violando el derecho. No se puede.

 

NARRADOR: Columnistas de opinión como Luis Figueroa compararon a la CICIG con la KGB y con la Stasi, la policía secreta de Alemania del Este.

En frente, Frank La Rue, Eduardo Stein y la sociedad civil, repitieron su argumento favorito:

FRANK LA RUE: El que se opone es narco. El que se opone es narco y la famosa frase que el que anda limpio ni jabón necesita para bañarse.

NARRADOR: El que se opone es narco. El que se opone es cómplice de la impunidad. Más que un argumento, era una descalificación. Pero en política todo se vale.

Quedaba el obstáculo mayor. El Congreso. La mayoría de los partidos estaban en contra, pero no querían decirlo frente a las cámaras. No podían, por eso de “el que se opone es narco”. Entonces, los diputados armaron su circo habitual: se hicieron los locos, pusieron excusas, cambiaron de tema, lanzaron cortinas de humo. El tiempo corría a su favor.

La jugada se repitió varias veces. El presidente del Congreso anunciaba la votación sobre CICIG para el día siguiente. Pero minutos antes de empezar la sesión, la sacaba de la agenda.

EDUARDO STEIN: No sé si mi memoria me traiciona, pero yo recuerdo que fueron seis veces lo que ocurrió eso.

NARRADOR: Y a la séptima, el vicepresidente perdió la paciencia.

EDUARDO STEIN: Y yo dije entonces que aquellos de los diputados que no querían que el tema se tratara en plenaria del congreso es porque estaban escondiendo su gusanera. Pero hubo una reacción de indignación de algunos miembros del Congreso porque en su opinión yo les había llamado gusanos a todos los diputados.

NARRADOR: La comunidad internacional, y la propia embajada de los Estados Unidos, hicieron valer su influencia.

FRANK LA RUE: Uno no podría decir que la embajada forzó la decisión, digamos. Porque no creo.  Pero yo creo que sí influyó en algunos sectores y en algunos diputados el hecho de saber que la embajada estaba a favor de que se aprobara la CICIG.

 

NARRADOR: Y finalmente, el primero de agosto del 2007, el gran día llegó. El pleno del Congreso tuvo que discutir la propuesta. Los diputados estaban contra la pared. O decían que sí, y bien para ellos. O decían que no, y todos los llamarían narcos.

Los diputados hicieron un último intento por escabullirse. En aquella sesión, hubo de todo, incluido una amenaza de bomba. Lo que fuera para perder tiempo. Algunos diputados llegaron tardísimo, otros, tomaron la palabra por horas para no decir nada. Y al momento de la votación, varios de ellos sintieron la urgencia de ir al baño. Todo por romper el cuórum. Todo por no apretar el botón.  

EDUARDO STEIN: Afortunadamente nunca he padecido del corazón

NARRADOR: Pero la presión era demasiado fuerte. Al final del día, 110 diputados votaron a favor. La CICIG ganó su derecho a nacer.

EDUARDO STEIN: Yo todavía no lo creía cuando por fin recibimos la noticia de que se había ratificado.

 

NARRADOR: A favor de la CICIG, votaron los de la UNE, del Partido Patriota y de los minipartidos de izquierda. También votó a favor la UCN, el brazo político del narco. En contra, votó el partido de Ríos Montt y el del alcalde de Guatemala Álvaro Arzú. De los que votaron a favor, varios fueron blanco de la CICIG en los años siguientes: Roxana Baldetti, César Fajardo, Gudy Rivera, Anabella de León, Baudilio Hichos, Manolito Castillo, Manuel Baldizón. Todos ellos, sin duda, lamentaron haberse levantado ese día.

 Y así, se abrió la era CICIG. El experimento podía comenzar.

En septiembre del 2007, mes de la patria, aterrizó en Guatemala este hombre:

CARLOS CASTRESANA: El problema es que como consecuencia de esos grupos que corrompen y socavan las instituciones desde dentro, es índice de impunidad es altísimo. Estamos hablando prácticamente de un 2 o 3% de casos resueltos, frente a un 96, 97 o 98 por ciento de casos que quedan en la impunidad. Y hablamos de crímenes, no hablamos de delincuencia de bagatela.

 

NARRADOR: Carlos Castresana, fiscal español, primer comisionado de la CICIG. Pero esto será en el segundo capítulo de El Experimento.

 

El Experimento es un podcast producido por No Ficción Guatemala. Narrado por Guillermo Escalón. Investigación, guion y montaje Sebastián Escalón. Edición de textos, Oswaldo Hernández. La música es de Lloyd Rogers. 

El Experimento ha sido posible gracias al apoyo de la Seattle Foundation y del National Endowment for Democracy.

Material de archivo: Prensa Gráfica, TCS y Libre Encuentro.

Agradecimientos a Adriana Beltrán y Antonio Delgado.

No Ficción cuenta Guatemala a través de reportajes, crónicas y periodismo de datos. Búscanos en Twitter, Facebook, Instagram, o en nuestra página Web.
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El Experimento es un podcast producido por Sebastián Escalón para No Ficción Guatemala. Narrado por Guillermo Escalón. Investigación, guion y montaje Sebastián Escalón. Edición de textos, Oswaldo Hernández. La música es de Lloyd Rogers.
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