12/04/2021

Verónica: “ya no soy una niña” la historia de una violación | Ep01

TRANSCRIPCIÓN

Verónica: “ya no soy una niña” la historia de una violación | Ep01

TRANSCRIPCIÓN

Podcast producido por Imperfecta, a cargo de las periodistas Elsa Coronado y Francelia Solano. Difundido por No-Ficción. 
Este reportaje fue realizado con el apoyo de la International Women’s Media Foundation (IWMF) como parte de su iniciativa de ¡Exprésate! en América Latina.
Esta historia contiene detalles de violencia sexual, sugerimos discreción.

*Las protagonistas son identificadas con nombres ficticios como medida de protección.
 

Verónica: Me gusta el color negro, solo las camisas negras, pantalón negro, zapato negro, hasta las calcetas negras. Menos que sea rosado o violeta, esos no me gustan, ya me miro feo así. Ya no soy niña, ya no soy niña y solo me gustan estos negros.

Elsa: Esa voz aguda y dulce es la de Verónica, una niña de 13 años que siente que ya no es una niña. Todo comenzó cuando su padre la violó.

Bienvenidos y Bienvenidas a Im-Perfecta Podcast, soy Elsa Coronado.

Este reportaje fue realizado con el apoyo de la International Women’s Media Foundation (IWMF) como parte de su iniciativa de ¡Exprésate! en América Latina.

Esta historia contiene detalles de violencia sexual, sugerimos discreción.

Elsa: En los últimos seis años, de 2015 a 2020, el Ministerio de Salud de Guatemala registró que 21 mil niñas de 10 a 17 años buscaron atención médica por violación.

Verónica es parte de esas estadísticas de terror. Con estas cifras es posible decir que cada año están en peligro de violación y embarazo forzado de 3,500 hasta 4,700 niñas. Aunque las instituciones gubernamentales ahora están mejor preparadas para atender a las sobrevivientes, la gran deuda está en la prevención. Verónica, por ejemplo, tuvo que soportar ocho meses de agresiones sexuales y solo pudo hablar cuando su familia se alejó del agresor. Cuando por fin estuvo a salvo, empezó la verdadera batalla por sobrevivir y cargar con el recuerdo de los tratos crueles y degradantes que recibió de su padre.

Francelia Solano sigue con la historia.

Francelia: Un portón de lámina gris y una champita de plástico negro, que sirve como la fachada de un negocio familiar, es lo primero que se ve de la casa de Verónica. Al entrar nos recibe en un patio con poca grama, ropa secándose al sol y un par de habitaciones grises donde viven 12 personas. Unos pequeños ojos se asoman en la puerta, curiosos por la llegada de extrañas a su casa.  Son los cinco hermanos menores de Verónica.

Ella es una niña de 13 años, mientras que Marlene, su madre, apenas supera los 30. Nos invitan a pasar a su habitación, que no deja de ser lúgubre, aunque esté pintada de anaranjado fuerte. En el lugar hay dos sillas, dos bancos, una mesa y una cama con dos almohadas. Verónica, es morena, delgada y ojos grandes que siempre ven al suelo.

Ella viste de un negro que refleja el luto, el dolor, la tristeza y el odio intenso hacia su violador. Pero a pesar de ese negro agobiante, Verónica se aferra a los pequeños momentos y detalles coloridos de su vida.

Verónica: Sí, me enamoro, cada noche que me los quito les digo a mis tías, ay cada vez me enamoro mas de mis zapatos.

Pero no es lo único que Verónica ama. Le gusta la pizza de pepperoni, las luces y los objetos que brillan. Le encanta el arroz chino que, a escondidas, le invita su abuelo, de quien no duda en decir que es la nieta favorita.

Verónica: Vamos a comer arroz chino con un señor bigotudo, tan bonito su bigote como lo hace él. Pone unas rosas bonitas en el arroz chino, y tan rico su arroz chino del señor. Y nos venimos a la casa como si no comimos nada. Me dice mi abuelo, no vayas a decir que comimos algo, me dice. Ya cuando escucho ya le está diciendo a mi abuela.

También dibuja, escribe y se ilusiona con los pequeños detalles, como cualquier niña o niño,  pero ella no se siente como tal. Perdió su sentido de niñez cuando fue violada por su papá. Marlene, su madre, también sufrió violencia de su esposo.

Marlene: Él si tomaba, tomaba a veces cada tres días, o cuatro veces a la semana hay veces que sí tomaba la semana completa. Entonces no había ni para la comida, ni para nada, ni para calzado ni ropa de los niños. Y bueno, vivíamos allá con sus papás, y nos manteníamos en problemas a cada rato con él y con su familia. Pues  no era una familia feliz.

Marlene soportó 14 años de precariedad. Ella era el único sustento de la casa y cada dos días viajaba seis horas hasta Huehuetenango para trabajar en un empleo en donde la explotaban. Con el poco dinero que ganaba compraba algunas latas de frijoles y lo que le alcanzara para alimentar a sus seis hijos. Pedro le robaba a su esposa para alcoholizarse.

Cansada de tantos abusos, Marlene decidió huir junto a sus seis hijos. Sin ningún apoyo, sin avisarle a su familia, con 200 quetzales se fue de su pueblo a escondidas, decidida a no tolerar más golpes. El dinero le alcanzó para rentar un cuarto en donde los niños podían refugiarse mientras ella salía a buscar un trabajo e intentaba vivir en paz.

El sufrimiento duró hasta que Pedro se comunicó con Marlene para convencerla de regresar con él. Verónica, quien se hacía la idea de una vida lejos de su violador, entró en pánico y decidió contarle todo a su mamá.

Marlene: Eh bueno, le había hecho él esa cosa mala. Entonces me contó cómo fue lo de la violación, que la había violado durante ocho meses.

Oír ese relato fue abrumador para Marlene, tanto que lo describe de muchas maneras: Un balde de agua fría, un luto por meses, unas ganas de matar a su exesposo y el deseo de verlo por muchos años en la cárcel.

Marlene: Sentí tanto odio, rabia y hasta sentí ganas de yo matarlo.

Marlene llama a Pedro un monstruo, pero el relato de la niña muestra que no hay palabra lo suficientemente precisa para describir a este violador, quien dañó a Verónica durante ocho meses.

Según su declaración ante el MP, la primera vez que su papá la violó fue cuando su hermano sufrió un accidente y fue atropellado por una moto. Marlene tuvo que ir de emergencia al hospital para cuidarlo. Pedro aprovechó y mientras Verónica estaba en la cocina la encerró. Esa fue la primera vez, pero la declaración recoge decenas de estos relatos, uno más aterrador que el otro.

En su testimonio frases como: “Él se fue acostumbrando a hacerme daño”, “Él me violaba todas las noches” y “él nunca descansaba, siempre me hacía lo mismo”, es recurrente durante la declaración.

Los detalles son bastante fuertes y algunos de ellos no se pueden mencionar debido a lo crudo que resultan. Incluso, la abogada que lleva este caso y muchos más, no ha podido oír el anticipo de prueba de forma completa. Escucharlo es una tortura, vivirlo lo es más y le ha dejado marcas a Verónica de por vida.

Marlene: Porque ella era una niña, le quitó la inocencia. En vez de que ella estuviera ahí contenta jugando, ella sienta un odio y rencor contra los hombres. Hasta a sus hermanitos les tiene ella odio, pero fue por el desgraciado que le arruinó la vida a ella.

No es para menos, lo que Verónica vivió en el lugar que debía haber llamado hogar fue una tortura. Tortura en el sentido más estricto de la palabra. Su papá, mientras le violaba, le pegaba en las costillas, a ella, una niña de complexión delgada. En sus relatos detalla que también usaba cables de electricidad o pita para amarrar leña para pegarle o sus uñas para dañarla.

En otros de sus relatos cuenta cómo su papá la arrastró del pelo en medio de la milpa y la llevó a un árbol. En su declaración ella dice: “Me amarró como un chucho o un marrano”. Los relatos de las violaciones son bastante detallados en horas y fechas, pero este en especial, Verónica perdió la noción del tiempo, solo recuerda que Pedro comenzó a violarla cuando el cielo comenzó a ponerse oscuro y terminó hasta que amaneció.

Verónica: Solo lo que quiero yo es que me pida perdón por lo que me hizo, que me pida perdón, es lo que quiero porque sí duele, en el corazón duele mucho que me haya hecho así, y que yo soy la única hija que ha tenido él. Yo le decía que ya no y le oraba a Diosito, pero dije yo que tal vez no va a escuchar, como Dios está hasta  arriba y no me va a poder escuchar, decía yo.

El caso de Verónica es una muestra de cómo la cultura de violación comienza desde la  nula educación sexual hasta el acceso fácil a la pornografía, que normaliza la violación. Por ejemplo, Pedro obligaba a Verónica a verlo y le decía que pusiera atención a los videos porque quería que ella replicara lo que hacían las actrices. Los relatos de Pedro son un calco de lo que es común en la pornografía: Incesto, violaciones, pederastia y sodomización. 

Marlene: Yo creo que por el temor ella no me contó nada, porque ella había sido amenazada por él (de) que me iba a matar, para quedarse él con ella. Yo le dije a ella, me lo hubieras dicho, porque de que él me mata no me va a matar. Pueda ser que yo haya acabado con su vida de él primero, porque no voy a dejar que no esté yo y que él haga esas barbaridades. No es justo para mí.

Ante todos estos relatos, Marlene reaccionó rápido. Verónica le contó todo un sábado por  la noche y al siguiente día la llevó al hospital de Huehuetenango, donde le tomaron la denuncia.

La atendieron en la Clínica de Atención a la Víctima de Violencia Sexual del hospital de Huehuetenango. A nivel nacional hay 41 clínicas en hospitales nacionales y son las encargadas de darle atención médica a cualquier víctima que haya sido violada. Estas clínicas cuentan, en la mayoría de los casos, con un equipo que incluye especialistas en medicina, trabajo social, psicología y enfermería.

Están obligados a tratar cada caso como una emergencia, sin importar cuándo haya ocurrido el hecho.

Según los datos del Ministerio de Salud Pública y Asistencia Social, 3,984 niñas y niños que acudieron a estas clínicas en 2019 fueron diagnosticados como víctimas de violencia sexual. Usan ese término en sus registros, porque evitan tipificar el delito. Esto es, en promedio, 332 casos mensuales, 11 cada día, casi una cada dos horas.

Y Verónica fue parte de esta estadística ese año. Ella no es un número, es una niña que perdió el sentido de la vida desde que fue violada.

Verónica:  Todo esto es doloroso para mí, todos los días son dolorosos. Cada día me siento triste. No me siento feliz ningún día. En Navidad me siento muy triste.

Al llegar al hospital Verónica tuvo que narrar su historia a los médicos del Inacif y de la clínica. Un fiscal del Ministerio Público abrió una investigación contra Pedro, su padre.

Permaneció internada en el hospital por siete días. Marlene, su madre, tuvo que dejar de trabajar para apoyar a su hija, mientras sus otros cinco hijos quedaron solos en una habitación rentada, en donde varias veces pasaron hambre.

Marlene y sus hijos hicieron muchos sacrificios  para que el caso no quedara impune y realizar los trámites para lograr que el caso avanzara en el Ministerio Público. Era mucho dinero para una familia en una situación precaria, sin sustento ni trabajo.

La justicia es un privilegio para pocos. Poder ir a la cabecera departamental, pagar pasajes, invertir un día de trabajo en procurar justicia es algo que en un país con más de la mitad de la población viviendo en pobreza y pobreza extrema, es un lujo. Dejar sin acompañamiento a las víctimas y que el estado les olvide al terminar de poner la denuncia, es una forma de enterrar sus casos y dejar intacto el ciclo de la impunidad.

Marlene: Entonces teníamos que viajar allá. Pues el dinero no había bastante, tenía que conseguir para que bajáramos cada ocho días, cada seis y cada tres días durante cuatro meses. Fue muy largo el viaje, tenía que ir con mi hija, tenía que llevar a mi bebé, salir de aquí a las cuatro de la tarde o tres de la mañana.

La abogada, Doris Ramírez, de la organización Mujeres Transformando el Mundo (MTM), explica que lleva expedientes similares en la región. Sin embargo, Marlene le causa mucha admiración porque sin dinero y con hambre, y porque algunos días no comía, viajaba al MP bastante seguido para preguntar cómo iba el caso de su hija.

Doris explica que esto fue determinante para que no fuera archivado. Sin la persistencia de parte de un familiar o un abogado, los casos pueden quedar en la impunidad, porque a un fiscal se le dificulta mantener la vista en todos los casos. Según la directora del Instituto de la Víctima, Alejandra Carrillo, un fiscal lleva un promedio de 4,000 casos a la vez.

Tras casi un mes de insistir, Marlene se estaba quedando sin energías y en su cuerpo y en el de sus hijos eran cada vez más evidentes las señales de desnutrición El 2 de noviembre una institución estatal les sugirió hablar con Mujeres Transformando al Mundo. Elena Pixtan, la trabajadora social de la institución, recuerda en qué condiciones encontraron a esta familia.

Elena Pixtán: Cuando nos acercamos a ella, nos da la impresión de que  estaba en una condición inadecuada porque ella vivía en un solo cuarto con sus  hermanitos y la mamá. Al encontrarlos pues prácticamente no tenían nada de alimentación. Lo único que tenían ahí era un garrafón de agua pura. Los hermanitos de la niña se miraban bien delgaditos,  la niña se miraba bien mal de salud porque ella no comía, vomitaba y tenía fiebre.

Ellos le regalaron una estufa para que pudiera cocinar, víveres y gestionaron transporte para las audiencias. El cambio en sus vidas ha sido significativo, añade Elena Pixtan.

Elena Pixtán: Porque al principio habíamos encontrado a la niña en su estado físico, muy delgadita estaba. Pero al verla un determinado tiempo, la niña ha evolucionado bastante y eso nos hace sentirnos contentas porque vemos que la niña ha podido sobresalir adelante.

MTM también ha dado acompañamiento psicológico.

En medio del proceso, la familia de Marlene decidió vender su terreno y mudarse a la cabecera departamental. Ya no viven en lo propio, por amor a su pequeña nieta, ahora alquilan esta casa donde hoy nos cuentan su historia.

Ellos han sido el soporte de Verónica durante estos tiempos difíciles. Por ejemplo, la nena no deja de decir cuánto ama a su abuela, quien es una mujer rellenita, con canas que cubren su cabeza y una sonrisa que apenas deja ver sus dientes, pero muestra su corazón. Una mujer cálida que ha arropado a Verónica en los momentos más difíciles.

Verónica: Mi abuela sí me quiere demasiado, yo soy su consentida de ella. Cuando tu te vas a enfermar te vas a poner bien abuelita, le digo yo. Te  voy a cuidar, te voy a cambiar, le digo yo. Ella es mi única abuela favorita, por ella si me pongo triste, me pongo a llorar.  Cómo la quiero a mi abuela. No se lo digo, pero cómo me alegra porque sea mi abuela.

Esta familia ha visto y acompañado a Verónica durante estos momentos de tanto sufrimiento. Están ahí dándole la mano cuando entre un dolor escondido en esa voz suave, dice que dejó de ser niña.

Verónica: Me gusta Stich (el personaje animado de Disney), pero ahora ya no miro caricaturas, ya no me siento como una niña. Ya me siento grande, ya no me gusta ver caricaturas, y mis hermanos me mandan a jugar con ellos, y ya no, les digo. Ya no quiero jugar, ya no me siento bien para jugar. Ahora solo me baño y me duermo, así paso mi día, solo dormir y dormir.

Verónica siente mucho dolor.

Antes, en un cuaderno solía escribir de Dios, pero el enojo también es un sentimiento persistente. Arrancó todas las páginas que le dedicó a Él, y ahora lo usa para escribir sobre su tristeza.

Verónica: Cuando estoy triste empiezo a escribir lo que yo siento, pero puras cosas de tristeza tengo en ese cuaderno.

En la primera página de su cuaderno morado se  lee:

“Mis pensamientos me hacen mierda lentamente, es como si me gustara el dolor. Me da asco mi cuerpo, me doy asco yo. Solo soy un estorbo, si decidiera quitarme la vida sería mejor para todos”

Verónica cuenta que tiene pensamientos suicidas regularmente. También se causa daño:

Verónica: Ya solo en el baño llorar y gritar y patear las paredes, solo eso. Lo pateo con ganas o pego a la pared, así con mi mano como puños y lo pego con ganas y se quedan rojas mis manos y así me mantengo. Pego a las paredes y ya después se quita mi enojo, (es) como si a él (su papá) le estoy pegando.

El estado no le brinda atención psicológica. En el hospital de Huehuetenango solamente hay una psicóloga para atender en promedio 150 casos de abusos sexuales que se dan anualmente en el departamento.

El Estado sabe de su poca efectividad y capacidad para atender a las víctimas. Tanto que en los hospitales nacionales tienen una lista de organizaciones que hacen el trabajo que no hace el estado, estas son conocidadas como las Redes de Derivación. Así fue como Marlene y Verónica llegaron a MTM.

Durante la emergencia por el coronavirus, Verónica no se quedó sola. La psicóloga de MTM mantuvo comunicación con ella y como parte del plan de atención, la organización le envió una caja con materiales para hacer manualidades. Uno de los proyectos es fabricar una almohada que sirva como un objeto de refugio, un lugar seguro al cual aferrarse cuando tenga algún momento difícil. Esta terapia la llena de alegría. Recita de memoria cada cosa que viene dentro de la caja, porque la abre y revisa todos los días.

Verónica: Sí, a cada rato lo ando viendo si están cabales, y sí están cabales, porque yo cuando me enamoro de una cosa no la dejo de ver.

Además le proporcionaron un celular con saldo para llamadas para estas sesiones, ya que se han debido a adaptar a los cambios que trajo la pandemia.  Incluso, en algunos casos MTM hace gestión de becas escolares para muchas de ellas, quienes abandonan la escuela luego de iniciar el proceso legal continúen con sus estudios. Por ejemplo, después de la investigación por violación, Verónica abandonó la escuela, porque se mudó de municipio. Sin embargo, en 2021 volverá a la escuela. 

Ahora, lleva un año y dos meses en terapia. De no ser por el acompañamiento de esa organización, Verónica tendría que enfrentar sola sus pensamientos suicidas.

De hecho, la única vez que Verónica recibió apoyo psicológico del gobierno fue el día que arrestaron a su papá, el 12 de febrero del 2020. Les avisaron a las 4:00 de la tarde que tenían la orden de arresto y emprendieron el viaje. Vieron desde la patrulla como lo arrestaron y lo sacaron de la casa donde él la violó. MTM también estuvo ahí.

Como parte del protocolo, tuvo que guiar a los fiscales y a la policía en la casa donde la violaron durante ocho meses. El recorrido por la vivienda fue un recordatorio de lo que vivió con un “monstruo”, como le  llama Marlene a su exesposo.

Marlene: Entonces entramos a la casa, la que era mi casa pues, y empezaron a tomar fotos en dónde fue todo. Fue muy fuerte, ver que la gente nos miraba y pues preguntaba qué pasó y nosotros no sabíamos qué decir.

En su pueblo pocos saben lo que pasó.

Marlene tenía mucho miedo al qué dirán. incluso cuando la víctima es una niña, siempre culpan a la víctima. Verónica tuvo que soportar los comentarios de la gente que justifica la violación de un padre hacia una hija, a pesar de lo inhumano que es que un hombre de 33 años le robe la vida a una niña de 12.

Marlene: A la gente ahí le gusta hablar y le gusta criticar. Ellos decían que tal vez la niña fue la que se le insinuaba al padre, o que ella no tuvo el valor de decirlo, o tal vez  ella se quedó callada, tal vez ella quería estar ahí con él. Hubo varias veces que unas señoras me lo habían dicho en la cara. Y me agarraba rabia, solo faltaba que yo les diera un golpe, pero no, mejor me detenía y yo les decía a ellos. Porque una niña yo creo que no, de su voluntad ninguna niña quisiera estar con un hombre.

Ese día fue tortuoso para ambas. De hecho cada día que no hay una sentencia lo es. El caso está casi congelado en el sistema de justicia y llegará a debate oral y público hasta el 27 de agosto del 2021, casi dos años después de la denuncia.

Marlene guarda la esperanza en la humanidad y en el sistema de justicia.

Marlene: No creo que haya un juez que se toque el corazón para dejarlo libre, porque dejarlo libre no sería justo, sino que él pague su condena de lo que hizo. Y ellas me dan una esperanza que sí habrá sentencia.

Sin embargo, cree que la sentencia debería ser más fuerte. Las abogadas de MTM le han dicho que esperan para él una sentencia de entre 15 y 18 años de cárcel. Aunque parezca pocos años, esta sería una sentencia relativamente fuerte.

Por el delito de violación existe una pena de ocho a doce años de cárcel. En el caso de Pedro, se le suma dos tercios de esa condena porque el código penal guatemalteco considera un agravante que el violador sea familiar o tutor. Aunque Verónica sea menor de edad a él no se le aplica el agravante de violación a una menor de edad, porque este solo se usa en casos de niñas o niños menores de 7 años.

Pero la condena, Marlene la considera muy poca y cree que el sistema debería hacer pagar con más tiempo a los violadores.

Marlene: Una condena de 18 a 15 años, no es tan alta que digamos, pero que pague un poco, pues si le dan más para mi sería mejor. Pero sí, de 18 a 15 años no es mucho. Un violador tiene que pagar más, para mí serían de unos 25 a 30 años en adelante. Que paguen lo que hacen, porque a ellos no les duele, no sufren al hacer eso. En cambio, niñas, jovencitas que son violadas las dejan marcadas para toda la vida.

Con esa realidad se inició el proceso de justicia para Verónica. Tras la orden de captura se realizó la audiencia de primera declaración para Pedro. Luego vino el anticipo de prueba.

Los casos de violación son los únicos que permiten la figura del anticipo de prueba, que no es más que tomar la declaración de la víctima antes del proceso de investigación. Este permite que la víctima no llegue a declarar en el juicio, además de que su testimonio se vuelve la principal evidencia.

Para Verónica, la declaración duró un día. Fue tan intenso recordar todo que se desmayó en tres ocasiones mientras contaba su historia. La vivencia es tan dura que ha repercutido no solo en la salud mental sino en la física de ella.

Marlene: Una vez se me enfermó ella, tuve que dejar a mis hijos otra vez. La llevaba al hospital y estuve casi 15 días con ella en el hospital. Bueno, desde que pasó todo eso ella se me volvió a enfermar y enfermar y enfermar, y pues llorando o con ganas de acabar con su vida, pues yo creo que sí quedó ella en el estado de que ya no quiere vivir.

Mientras todo esto pasaba, Marlene asistió a cada una de las audiencias, y han sido varias ya que el proceso ya pasó la apertura de juicio, la etapa intermedia y la audiencia de pruebas. El debate oral y público está pendiente para el 27 de agosto del 2021.

El hombre de aproximadamente 1.60 metros, 33 años y de tez morena llega tranquilamente a oír las audiencias. Él habla q'anjob'al, así que un traductor estatal le ayuda en el proceso.

En el caso de Marlene y Verónica, el acompañamiento de MTM ha sido sumamente necesario para no perder la cordura en medio del juicio. Pedro se comporta de maneras extrañas, algunas veces tranquilidad, luego enojo, luego llantos y luego acusaciones.

Durante una de las audiencias, el juez hablaba cuando Pedro comenzó a gritar. Se tiró al piso y comenzó a llorar, pataleaba y hacía un escándalo. No fue la única vez. En una de las ocasiones Pedro se paró y comenzó a dirigirse hacia Marlene:

“Tu hija está mintiendo, es una mentirosa”. “Estás haciendo esto para dañarme”, gritaba en medio del juicio. Marlene se mantuvo firme y tranquila, no logró provocarle. Ella le cree incondicionalmente a su hija y espera que la sentencia lo afirme. Ella ha sabido ser fuerte para Verónica y está intentando salir adelante en medio de la adversidad, por ella y los otros 6.

Marlene:  Yo, aquí, ahorita, mi familia me está apoyando. Bueno, no todo, un poquito para la comida. Pues yo tengo un mi negocio de golosinas y gaseosas, y pues ahí voy yendo un poquito, aquí mismo a la par de mi casa, donde está ese naylito.

En su champita, fuera de su casa, vende lo que puede y saca lo que puede. Ha decidido estar en este trabajo porque no quiere dejar a Verónica ni a sus demás hijos solos de nuevo. Es una madre soltera que da de comer como puede a los pequeños. Sin la ayuda del Estado.

Solo le queda esperar justicia mientras cuenta el caso de su hija en este cuartito. Quiere contar esta historia para otras mamás, para que les crean a sus hijas, las apoyen en el proceso e ignoren lo que la gente dice.

Marlene: Críticas hay bastantes y pues la gente habla, a la gente le gusta hablar porque ellos no viven, no pasan por lo que uno yapasó. Ellos no saben qué es eso, qué es sentir dolor o qué angustia pasa uno y los problemas. Ellos no vivieron esa vida. Uno ha visto en televisión que hay niñas que son violadas y ultrajadas por sus padres. Antes no lo creía, pero ahora sí, estoy viviendo mi propia experiencia.

Ahora sabe que es verdad y que es más común de lo que parece. Según la Secretaria Contra la Violencia Sexual, en Guatemala más del 89% de los casos de violación son perpetrados por parientes o cercanos a las víctimas. Sin embargo, el Ministerio Público no registra parentescos en sus estadísticas, lo que impide saber cuántos casos como el de Verónica existen.

Mientras, la familia intenta sanar. Todos, los 12, se han unido para hacer de Verónica una niña feliz a pesar de todo el dolor que siente. Pero las heridas están abiertas, incluso sus hermanos pequeños lo notan:

Verónica: Mis hermanos me dicen, tú pareces tristeza, y nosotros somos felicidad me dicen.

-¿La de la caricatura?

-Sí, de la caricatura. Porque todo el día te mantenés triste y mantenés diciendo cosas tristes y solo les digo “aaahhh” a ellos. Me dicen reís por gusto, porque no reís de verdad, en el fondo de tu corazón estás triste, en la vida real no reis. Así me dicen a mi y solo me quedo viendo cuando me dicen así.

Al salir del cuarto encontramos a la tía, al abuelo, a la abuela, quienes intentan ser lo más cálidos posibles para Verónica. La abrazan, la aman y la consienten y esperan lo mejor para ella. Marlene desea que Verónica siga estudiando. Ella quiere lo mismo, quiere ser una gran doctora. Es una niña que sigue soñando, siendo creativa y amorosa.

Al final de la entrevista muestra su tesoro más grande: un vasito de duroport con 15 perlitas de colores, arrancadas de algunos aretes, que simulan ser su árbol de Navidad.

Esa es Verónica, la niña a la que se le iluminan sus ojos mientras imagina en ese vaso de duroport un árbol navidad. Pero también es la niña a la que se le apaga la mirada cuando habla de su violador y la depresión que le ha causado.

Verónica es una sobreviviente. Como lo es Fátima y Leylani, de quienes hablaremos en los siguientes podcast. De Leylani, adelantamos que es una víctima de la impunidad.

*Las protagonistas son identificadas con nombres ficticios como medida de protección.

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