Campur, en San Pedro Carchá, Alta Verapaz, se caracteriza por la fertilidad de su tierra y su humedad. Foto: Oliver de Ros.

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Agua de Xibalbá

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Aquí la séptima postal climática, enviada desde Campur, en Alta Verapaz. Una postal escrita bajo el agua. El agua que salió de debajo de la tierra, desde Xibalbá, y lo inundó todo. Ellos regresaron con sus palas y botas y sacaron el lodo de sus casas para volver a vivir.

5 de diciembre de 2023

Para las pequeñas creaturas del futuro

Desde los últimos días de la primavera.

Nunca antes, en ninguno de los viajes que he tenido que realizar para hacer reportajes periodísticos, habia estado tan debajo del agua. 

En un instante… 12.5 metros cubierto de agua.

Hace cuatro años esta era la altura del agua, o la profundidad, en la aldea Campur, en Alta Verapaz, Guatemala. Estamos en el fondo, en el centro de la comunidad, imaginándonos sumergidos bajo toneladas de agua, mientras, Guillermo Cuz, el alcalde comunitario nos lee una placa conmemorativa:

-644 familias damnificadas. 906 casas inundadas. 65 días anegado. 12.5 metros de profundidad. Comenzó en noviembre de 2020 y terminó hasta enero de 2021.

Campur en Alta Verapaz se inundó a finales de 2020 durante 6 meses. Foto: Ejército de Guatemala.

La inundación fue atroz. Días y noches de agua. Casas, escuelas, hospitales, todo estropeado por el clima, el cambio en el clima, el cambio de las lluvias.

Hasta aquel año, las precipitaciones en Campur se habían pronosticado abundantes para cada temporada. Los aguaceros eran cada vez más habituales, copiosos, tempestuosos, pero la tierra lograba absorber todo lo que caía desde cielo. El agua desaparecía bajo los suelos. Y cada mañana escampaba. 

En Campur, donde la mayoría de personas pertenece a la etnia q’eqchi, explican que durante el desastre de la inundación, a lo mejor hubo intervención directa del inframundo, de Xibalbá. El agua de la inundación no cayó desde el cielo, sino que brotó desde las profundidades de la tierra, a borbotones, como dicen los testigos, hasta que cubrió toda la aldea en menos de 48 horas. 

Los comunitarios de Campur explican cómo el agua cubrió todas sus viviendas. Foto: Oliver de Ros.

Si preguntas ¿de dónde salió toda esa agua?, la respuesta es casi unánime: “De los siguanes”. Si cuestionas ¿hay algún río cercano?, te contestan: “no hay ríos pero hay siguanes alrededor”. ¿Qué es un siguan?: “lo que conecta este mundo con el mundo debajo de la tierra”.

En el idioma de los geólogos el nombre de los siguanes tampoco ayuda; se llaman dolinas. Si buscas dolinas en las imágenes de google, aparecerá algo parecido a un pozo natural o un cenote o un sumidero pero que no es un pozo natural, tampoco un cenote y mucho menos un sumidero. ChatGPT te lo describe así: “Una dolina es una forma de relieve kárstico que se produce tras el colapso de una caverna o cavidad subterránea, creando un hoyo o depresión en la superficie terrestre”. 

Es decir, una dolina es un agujero, una concavidad, una gruta, una larga entrada a Xibalbá desde la superficie y Campur ha estado rodeado de estos siguanes desde hace cientos de años. 

Después de la inundación, las instituciones del Estado como los centros de Salud, aún no han podido ser habilitados en Campur. Foto: Oliver de Ros.

Todo el departamento de Alta Verapaz es conocido por sus gigantescas cavernas. En Semuc Champey, a unos 40 kilómetros de Campur, el río Cahabón de color turquesa es tragado por un enorme agujero y desaparece en la oscuridad. En Lanquin, a  20 kilómetros desde Campur, las estalactitas tiene forma de patas de elefante. Y en las cuevas de Candelaria, a 60 kilómetros de Campur, se dice que hay pinturas rupestres. 

-Nuestra aldea parece estar ubicada sobre la superficie de un coco rocoso- comenta el  presidente del Consejo Comunitario de Desarrollo (COCODE), Daniel Ax.

Alta Verapaz se caracteriza por sus riscos rocosos y cavernas en todo su territorio. Foto: Oliver de Ros.

Las postales de Campur son la evidencia de un desastre submarino moderno. El naufragio climático de una aldea que quedó a 12.5 metros bajo el agua. 

No hay líneas que marquen la altura a la que llegó el agua porque todo quedó inundado, pero sí hay vestigios de cómo se marcó la humanidad de sus habitantes. Después de 65 días de inundación les dijeron que nadie podía regresar, y ellos volvieron con sus palas y botas y sacaron el lodo de un metro de altura desde el interior de sus casas.

Campur inundado
Algunas marcas de la postinundación en Campur. Foto: Oliver de Ros.

Les dijeron que no podían reconocerlos más como aldea. Les dijeron que su escuela dejaría de existir para el Ministerio de Educación y que no sería reparada y que no llegarían los maestros. Les dijeron que jamás volvería la electricidad a pesar que durante los meses que pasaron anegados la factura siempre llegó puntual. Les dijeron que su centro de salud no era seguro para ser reconstruido y que si necesitaban atención médica debían caminar hasta otra aldea cercana. 

Son los últimos días de la primavera, y en Campur intentan restaurar aquel clima social que recuerdan de su aldea. 

Les dijeron que el agua volvería. 


Esta es la séptima postal del proyecto “Postales Climáticas, desde los últimos días de la primavera“. Recibe todas las postales en tu correo electrónico suscribiéndote aquí.

banner postales climáticas. Por: Diego Orellana