Dos hombres pasean en motocicleta en un río seco en el Corredor Seco de Guatemala. Foto: Oliver de Ros

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Esto no es un río

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Esta es la segunda postal climática, escrita desde Lomas de San Juan, en Cabañas, Zacapa, el departamento más caliente de Guatemala. La ausencia de lluvias y el fenómeno el Niño arruinó todas las cosechas de esta aldea. El segundo día de un recorrido por los últimos días de la primavera en Guatemala.

1 de diciembre de 2023

Querido niño del futuro:

Hoy nos perdimos para llegar a Loma de San Juan, una aldea de Cabañas, en lo alto de las montañas de Zacapa. Jorbani, el presidente del Consejo de Desarrollo, un agricultor de 30 años, me había dado por teléfono todas las instrucciones para llegar y poder ver, con nuestros ojos, cómo todas sus cosechas de maíz se habían arruinado por la sequía. 

Pero fueron unas 15 indicaciones seguidas: Agarre en Cabañas, desvíe en Huite, cuando llega a un cruce que después verá otro cruce, cerca de la iglesia, ahí verá dos cruces, agarre el primero, que el hace curva…. 

Mientras hablaba, pensé que quizás él no estaba acostumbrado a usar internet, y descargué mi atención en Google Maps. Sin darme cuenta que si él no conocía la aplicación de mapa, quizás Google maps tampoco lo conocía a él. 

Y así fue. Pasamos más de una hora subiendo una cadena de montañas, primero asfaltada y después ya de terracería, una zona repleta de cultivos de maíz mermados, de restos de mazorcas arruinadas en las laderas de altas montañas. 

Finalmente llegamos a un lugar habitado, de no más de 20 casas. Pero no había nadie, hasta que una mujer que salió de una escuela pintada de blanco, que resplandecía bajo el sol intenso,  nos dijo que estábamos en otra aldea y que teníamos que caminar otra hora, montaña a través, para llegar a Loma. Hablando un poco más con ella nos contó que allí la falta de lluvias también había hecho que perdieran sus cosechas. Que en 2023 apenas había llovido, y que la mayoría de la gente se había quedado sin nada. 

Cultivos de maíz arruinados en la aldea Lomas de San Juan, en Cabañas, Zacapa. Foto: Oliver de Ros.
Los cultivos de maíz del corredor Seco de Guatemala se arruinaron debido a la sequía y al fenómeno del Niño, intensificado por el cambio climático. Foto: Oliver de Ros.

Estamos en uno de esos 1600 kilómetros que conforman el corredor seco de Centroamérica. Con ese nombre, no hace falta mucha más descripción. Es un lugar donde siempre hace calor. Un calor que pega fuerte, seco y aplastante. Esta área, conformada por cuatro departamentos, se conecta con Centroamérica y México. En Zacapa la temperatura supera todo el año los 25 grados y alcanza los 30. Es además, el área de Guatemala donde menos llueve. Y una de las áreas del planeta más expuestas a los embates del clima. 

Desde que los registros humanos alcanzan, el Corredor Seco de Guatemala sufre sequías cada cierto número de años, relacionadas con el fenómeno del Niño. Este se da por un calentamiento del agua superficial en ciertas áreas del Pacífico, lo que cambia la forma en que se mueven los vientos y puede afectar al clima en todo el mundo. Unos años pasan meses sin ver llover y se secan sus cultivos de maíz. Otros años, cuando los vientos cambian, y llega La Niña, el agua cae tan fuerte que se inundan sus cosechas y se pudre su frijol. 

Mazorcas de maiz arruinadas por la sequía provocada por el fenónemo del Niño en Cabañas, Zacapa. Foto: Oliver de Ros.
Todas las familias de Lomas de San Juan, En Cabañas, Zacapa, sufrieron la pérdida de sus cosechas. Foto: Oliver de Ros

Este año (2023-2024) llegó el Niño. En Zacapa sufrieron una gran sequía que arruinó la siembra de primera y la de segunda. Cabañas, según un informe del Instituto Nacional de Sismología y Vulcanología de Guatemala, fue la zona del país donde más hectáreas de cultivos se perdieron en la primera mitad de 2023, un total de 1150 hectáreas arruinadas. Y, en un área desigual, dentro de un país desigual, donde una gran parte de las familias viven de la agricultura de subsistencia, la sequía supone falta de alimentos, desnutrición y hambre. 

Jovani quería mostrarnos cómo todas las plantaciones de Loma se habían arruinado, pero no lográbamos llegar a él. Nos llamaba a cada tanto. Esa mañana habían matado una gallina, para darnos de comer caldo y su mujer quiere saber si empieza a prepararla. Pero sólo agarra señal desde un punto específico de la aldea, lo que nos dificulta bastante la comunicación con él. Después de varias llamadas e indicaciones, logramos llegar al río que nos mencionaba. 

Quizá no dimensionamos cuando nos hablaban de cruzar el río, que el atajo consistía en manejar por encima un inmenso río completamente seco, desde el cual se podía acceder a una pequeño camino que conduce a Loma. Se trata del río El San Vicente, de más de 20 metros de ancho, por el que actualmente pasa un minúsculo riachuelo de no más de 1 metro y apenas unos centímetros de profundidad. 

Vacas pasean por río seco en Cabañas, Zacapa. Foto: Oliver de Ros
Vacas pasean por el río San Vicente, un río seco, en Cabañas, Zacapa. Foto: Oliver de Ros

Un río seco evoca pérdida, lo primero en lo que uno piensa al mencionar un río seco es paradójicamente, agua. Las piedras moldeadas, la forma de apertura, todo evoca agua. Niño del futuro ¿Hay ríos en el futuro? ¿O ya se secaron los ríos?¿Hay agua? ¿Tienes sed?

Mientras avanzábamos por encima de lo que un día fue un gran río, hacia el camino de entrada a la aldea, nos cruzamos con un hombre viejito, muy flaco,con un gorro de ala ancha que pastoreaba a decenas de vacas marrones de joroba. Le pregunté desde cuándo estaba seco y me dijo que desde siempre. 

En la vida del planeta tierra, la existencia de los seres humanos ocupa una fracción de segundo y es esta falta de capacidad de dimensionar el tiempo, todo lo que nos terminará por matar. Todas nuestras  acciones tienen un impacto sobre la tierra, pero medidas en nuestro tiempo de vida nos impiden dimensionar que estamos terminando con las condiciones para nuestra existencia. 

Un hombre pastorea sus vacas por mitad del río San Vicente, seco desde hace décadas en Cabañas, Zacapa. Foto: Oliver de Ros.
Un hombre pastorea sus vacas por mitad del río San Vicente, seco desde hace décadas en Cabañas, Zacapa. Foto: Oliver de Ros.

Pero poco a poco es más fácil ver cómo nuestras acciones provocan cambios en el clima. Y en lugares como Cabañas nos acercan a los fatalistas pronósticos. Guatemala ya ha incrementado un grado y medio su temperatura en los últimos 30 años. Unas primeras aproximaciones calculaban que si las emisiones de carbono continuaban de esta forma, la tierra iba a aumentar 4 grados de aquí a 2100. En menos de 80 años. Y esos cuatro grados, en todo caso, ya eran devastadores para el planeta tierra. Imagínate, niño del futuro.  Pero, a pesar de todos los protocolos, las emisiones de carbono siguen creciendo.

El aumento de las temperaturas provoca el deshielo del Ártico, disminuyendo la luz solar que se refleja hacia el sol, aumentando la temperatura en la tierra. El deshielo del permafrost, expulsa además al planeta miles de toneladas de carbono, y también de metano, un gas aún más letal para el calentamiento global. Este deshielo provoca además el incremento del agua del mar. Esto cambia el ciclo de los vientos, volviéndolos locos. Más calor, tormentas inesperadas, sequías prolongadas…

Cruzamos el río con sensación de apocalipsis, de premonición, de tristeza. Finalmente logramos llegar al camino que conduce a Loma. Avanzamos por Montañas llenas de cultivos secos. Montañas donde en algún momento hubo árboles, y ahora solo resplandecen áridas. Sin árboles que absorban el CO2 que seguimos expulsando a toneladas, entre todos, interruptor a interruptor, vuelo a vuelo, bolsa de plástico a bolsa de plástico aún todo se vuelve más seco y arido. En un nuevo cruce y paramos sin saber qué hacer, con la suerte de encontrar a otro joven que nos cuenta, de la misma forma, que sus cosechas este año se arruinaron, que no ha llovido.

El río San Vicente, en Cabañas, Zacapa lleva seco desde hace muchos años, pero cada año va perdiendo un poco más de su caudal. Foto: Oliver de Ros.
El río San Vicente, en Cabañas, Zacapa lleva seco desde hace muchos años, pero cada año va perdiendo un poco más de su caudal. Foto: Oliver de Ros.

Después de toda la mañana, logramos llegar a donde nos espera Jorbani, directamente a almorzar. El caldo está caliente. Jorbani  lleva puesto un polo de color azul “Metro Kids”. Jovanni se quedó como los elotes, sin los nutrientes necesarios para su desarrollo. su cuerpo parece el de un niño. Los brazos de un niño bajo el polo azul de Metro Kids. El nos cuenta que él estaba desnutrido de pequeño. Que tuvo que dejar la escuela porque le dolía la cabeza, tenía mucho sueño en clase. Es voluntarioso y con corazón quiere ayudar a sus vecinos.

En una sillas de plástico nos esperan varios hombres, con cargos de representación de algún tipo en su aldea. José, Agustín, Santos, Felipe, todos del piel curtida, rasgos mestizos, varios de ellos están emparentados. Loma es en todo caso un pequeño lugar de no más de 170 familias, acordonadas en casitas que guardan dentro un montón de bocas que alimentar.

¿Y este año que han comido? Nada. Las primeras lluvias se retrasaron hasta casi julio, en ese momento la tierra se humedeció y pudieron sembrar, un maíz mejorado, que la universidad les enseñó, la lluvia se ausentó de Loma de San Juan y de Zacapa, y se quedaron sin maíz, pero dejó de llover, este año no ha llovido apenas y no lograron sacarle nada a la tierra.

En boca de Jacinto hay 7 bocas que alimentar, más los animalitos. Trabajan de vez en cuando, se van como jornaleros a trabajar a fincas con riego. Allí siempre hay agua. Y cuando regresan traen carne a sus familias.

La devastación de la tierra es visible. ¿Ustedes caminan? Nos muestran campos escuálidos, llenos de mazorcas pequeñitas, algunas con algún grano que logró soportar la sequía.

Todas las familias de Loma de San Juan se han quedado sin maíz para alimentarse. Foto: Oliver de Ros.

Podría hablarte del gobierno, de que les tiene, como a todo el país, en un completo abandono, de su falta de acceso a carreteras, a internet, a transporte de calidad, de trabajo de calidad. Y definitivamente, si el gobierno no les ayuda, tendrán que abandonar el lugar donde viven. Ellos no quieren. En Loma de san Juan quieren hacer algo, sacar provecho a la tierra, quieren quedarse a vivir allí, y seguir cultivando su maíz, sembrando con las primeras lluvias, cuando el suelo ya está húmedo, y esperando la constancia de lluvias que caracteriza el clima tropical para ver crecer sus cultivos. Pero la tierra se secó. ¿Se puede morir la tierra? 

Esta es la segunda postal del proyecto “Postales Climáticas, desde los últimos días de la primavera“. Recibe todas las postales en tu correo electrónico suscribiéndote aquí.

banner postales climáticas. Por: Diego Orellana