risotada
23/07/2020

Bienvenido, Lic.

El doctor José León González lleva al diputado de sonrisa sabrosa a un paseo por el hospital de Ciudad de Guatemala donde él trabaja atendiendo a pacientes de COVID-19. Y adentra al lector, en un texto tragi-cómico, en la cruda realidad de los centros hospitalarios.

El doctor José León González lleva al diputado de sonrisa sabrosa a un paseo por el hospital de Ciudad de Guatemala donde él trabaja atendiendo a pacientes de COVID-19. Y adentra al lector, en un texto tragi-cómico, en la cruda realidad de los centros hospitalarios.
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Texto: José León González
Foto: intervenida por Oswaldo Hernández.

Bienvenido, Señor Diputado. Los hospitales públicos son su casa: es un gusto y un privilegio recibir a un dignatario de la nación. 

Parqueo no le puedo ofrecer, Licenciado: ya no alcanza ni para los médicos, por la cantidad de carros fúnebres que pasan las veinticuatro horas llevando cuerpos para enterrar. Solo antes de entrar, dejemos que pasen las ambulancias. Esta viene de Izabal, y esta otra de, déjeme ver, Totonicapán. Correcto, ambas traen pacientes positivos. No, Licenciado, allá no hay ningún hospital que pueda atender este tipo de casos. Ah sí, tiene razón: se construyeron varios hospitales temporales (aquí en confianza, usted y yo sabemos que, con las paredes de cartón y las camillas de aluminio, son para taparle el ojo al macho), pero no hay médicos que quieran trabajar allí. Usted sabe mejor que yo que aquí en la capital es donde se mueve el billete. 

Pase por aquí para colocarse el equipo de protección personal. No se preocupe, el traje es impermeable, y el gorro no va a echarle a perder la gelatina del peinado; y la máscara, aunque apretada no le impedirá sonreír de esa forma tan sabrosa. Ah, qué sonrisa la suya, Lic, siempre me pone de buen humor verlo en las noticias: se le ve tan contento alimentándose con las dietas que se gana con el sudor de su trabajo. Para estar más cómodo, le recomiendo que se quite el saco y la corbata de color, ¿qué color utiliza ahora? Usted me va a disculpar, pero no estoy al tanto de sus últimos movimientos. 

Ahora sí, entremos. Vea, Licenciado: todos son pacientes. ¿Que si estamos regalando algo? No, mi estimado. Aquí siempre hay bastante gente; de hecho, hoy hay mucha menos de lo habitual. Debe ser que el fin de mes tiene a todo el mundo ocupado, aprovechando para hacer las compras para la familia mientras haya abastecimiento en los mercados. Todos están esperando una cama: no sabemos si la tendrán aquí o podrán trasladarse a otra unidad; a lo mejor algunos se compliquen y requieran moverse a la sala de pacientes críticos, aquella que está al fondo. ¿Quiere pasar a conocer? Solo podemos ver desde aquí afuera. Ya sé que deberíamos darle más comodidad a cada paciente pero no podemos, Licenciado. De hecho, algunos pacientes van a quedarse sentados en la banca, esperando una toma de oxígeno que les ayude, si no a salvarse, al menos a morir tranquilos.

¿Seguimos adelante? Por aquí, por favor.

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«Bienvenido, Señor Diputado. Los hospitales públicos son su casa: es un gusto y un privilegio recibir a un dignatario de la nación». 

«Bienvenido, Señor Diputado. Los hospitales públicos son su casa: es un gusto y un privilegio recibir a un dignatario de la nación».  

¿Y su amigo El Canche cómo está? Es su mero cuate, ¿verdad? Tan agradable el patojo: no solo heredó el nombre de su papá sino también el buen carácter, y el corazón enorme de su mamá. Me da no sé qué cuando hablan mal de él, que en paz descanse. ¡Cómo se le extraña en la Municipalidad! Y ni hablar de la señora, si ambos han sido un pan de Dios; incluso ella, que no nació en este país, se quita el tamal de la boca para dárselo a los necesitados cada veinticuatro de diciembre. Eso lo aprendió siendo primera dama. Me saluda a toda la familia, por favor. 

Deténgase un momento, porfa. Hay que darle paso a las camillas. ¿Esos bultos negros que llevan encima? No, mi Lic, no son costales de comida: son cadáveres. Cinco fallecidos, solo en este rato que llevamos paseando usted y yo. Van a la bodega que se ha construido junto a la morgue, porque ahí ya no caben los cuerpos. Ojalá los familiares vengan de prisa porque en seis horas deben estar enterrados en La Verbena, zona 7. ¿Usted conoce por ahí? Me imagino, ganas le sobran pero por tanto trabajo no le alcanza el tiempo.

¿Se siente bien, Licenciado? Lo veo acalorado. Vamos a ir un poco más de prisa, para que no se deshidrate. ¿Dispensadores de agua? No, Licenciado, aquí en el área de aislamiento no tenemos eso. ¿Baño? Apenas hay uno que deben compartir los médicos con los setenta pacientes que están esperando su resultado. Algunos colegas prefieren ponerse pañal debajo del traje de protección durante el turno. Cada uno escoge: o aguanta las ganas por muchas horas, o se moja y sigue trabajando sin apuro. ¿Usted que preferiría? Son bromas, mi Lic. ¿Cómo cree que lo vamos a hacer pasar por eso? Sus funciones son otras mucho más importantes, yo lo sé. Por eso me cae mal cuando la gente le anda inventando cosas para distraerlo de su trabajo. La prensa, siempre viendo micos aparejados y levantándole falsos. Yo sé que todo es mentira. Creo en usted y en su sonrisa tan grande que parece tragarse todas las cosas feas que se dicen de usted y sus colegas. Créame que los veo y no me cabe duda de que en mi Guate se puede ser feliz,  y que usted es el ejemplo de que sí se puede  salir adelante de forma honrada.

¿Nos vamos?  Faltaba mostrarle el área de cuidado intensivo, pero entiendo que su tiempo es muy valioso. Un gusto haber recibido su visita, Licenciado.  Cuídese mucho, por favor.  Dios quiera que usted salga sanito de todo esto. El país no sería lo mismo sin gente como usted. 

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